Por Mario Javier Sánchez de la Torre
25 de marzo de 2015

Una de las interesantes exclusividades que proporciona la actividad periodística, además de tener el privilegio de estar casi siempre en primer término en donde suceden los hechos, en donde se hace la historia, es sin lugar a dudas el poder conversar con personajes que dentro de su ámbito dejan huella, por la importancia que su desempeño ha dejado como parte de la historia del contexto en que se han desempeñado.

En esta ocasión, en este espacio, a continuación voy a transcribir lo que uno de estos personajes me confió:

“El teléfono sonó insistentemente la mañana del 10 de enero del año 1975.

Despachaba en el PRI estatal como siempre. Atendí la llamada. Era Gabino Fraga, secretario particular  del licenciado Reyes Heroles:

El Presidente requiere tu presencia mañana a las 10 horas. Es urgente afirmó.

Ahí estaré, contesté.

El viaje de Jalapa al Distrito Federal me inundó de reflexiones e interrogantes. Recordaba la entrevista  que había tenido semanas antes, a la mitad de diciembre, con el Presidente del Partido. Le pedí que me relevara de la Presidencia del Comité Estatal. Le expuse varios motivos. Uno era que siendo Diputado Federal deseaba dedicarme a ejercer plenamente mi compromiso como legislador. Otro, que existiendo un nuevo gobierno estatal, era conveniente facilitarle al nuevo mandatario las condiciones para la renovación de la dirigencia, como parte de un ciclo que terminaba. Me imaginaba que esta nueva visita era para fijar la fecha de la entrega. E iba preparado, recordando la respuesta de mí Presidente a mí petición en forma contundente, como era su estilo:

¡Usted no se manda solo, se irá cuando yo lo decida y lo llamaré!, sentenció.

El Presidente te está esperando me dijo Fraga, recibiéndome con una sonrisa.

Entré. El conocido despacho de los Presidentes estaba inundado de libros, revistas y periódicos del día como signo distintivo del nuevo inquilino. Recordé que ese edificio construido en sólida cantera negra revestida de madera y con muebles de color sobrio, era la sede del PRI de esa época y el primer Presidente del Comité Nacional que lo ocupó en el año de 1963, fue el General y licenciado Alfonso Corona del Rosal, que más tarde, en 1964, fue Jefe del Departamento del Distrito Federal.

Don Jesús estaba sentado platicando con un visitante. Noté que me estaba esperando ya que con un ademán me indicó que me acercara. Lo hice.

Qué bueno que vino, me dijo, relajado. Le presento al Gobernador del Estado de México, profesor Carlos Hank González, y dirigiéndose al aludido, con el índice de la mano apuntando a mí persona, le comentó:

Gobernador, le presento al nuevo Delegado del Partido en su Estado. Será quien coordine los trabajos de la campaña del próximo gobernador. Me decidí por un prospecto nuevo, con experiencia e imparcialidad, para garantizar un proceso democrático, como lo reclaman los tiempos actuales. Sorprendido de inmediato, el Gobernador mostró una sonrisa de aceptación, dirigiéndome ls primera palabras:

Bienvenido al Estado de México, señor delegado. Lo recibimos con los brazos abiertos y le auguramos un eficaz desempeño. Permítame invitarlo a un desayuno mañana en la Casa de Gobierno de Toluca. Convocaré a los dirigentes de los sectores que tendrán interés en saludarlo, concluyó, dándome un fuerte apretón de manos.

La rapidez de este suceso me sorprendió  gratamente. No sólo por la noticia del nombramiento que me demostraba una confianza absoluta del Presidente de mí Partido sino por venir de él, uno de los hombres de una calidad intelectual y política que todo mundo respetaba, admiraba y reconocía. Sentí la necesidad de la gratitud natural, cuando la voz del Presidente me volvió a la realidad:

¿Qué espera? ¡Ya lo invitaron a desayunar! Váyase a Toluca y nos vemos pasado mañana. ¡Sea prudente y no hable mucho ni se comprometa!

La entrevista terminó y encaminé mis pasos hacia Toluca, siendo atendido por Sixto Noguez, presidente del Comité Estatal. Al siguiente día, como lo propuso el Gobernador, se organizó un desayuno a su estilo en la Cabaña  Suiza y además de los sectores y organizaciones, concurrió toda la clase política, mostrando el mandatario el control del Estado que gobernaba.

Una semana después el licenciado Reyes Heroles le tomó la protesta al doctor Jorge Jiménez Cantú como candidato a gobernador del Estado de México. El proceso interno concluyó.

El 12 de marzo de ese mismo año, 1975, el Presidente Reyes Heroles me dio instrucciones de acompañarlo a Xalapa a entregar mí renuncia como Presidente del Comité Estatal. El evento fue en el Teatro del Estado, ante la presencia del gobernador Rafael Hernández Ochoa. Ahí anunció que el Comité Nacional reconocía mis servicios y me comisionaba permanentemente en el Estado de México.

Esta es una de las tantas facetas que le conocí a don Jesús Reyes Heroles. Independientemente de su capacidad ideológica, de su carácter temperamental, de sus fortalezas y debilidades, era un ser humano de enormes cualidades. Esas cualidades que ya no se encuentran actualmente en los hombres de poder, que deberían aprender de él a través de sus obras, de sus mensajes, de una vida que se entregó a lo más importante que descubrió: a enriquecer la política de su país, bajo los signos de un liberalismo universal”

El personaje a que me refiero al inició de la presente es el experimentado político veracruzano, Manuel Ramos Gurrión, a quien en su interesante carrera política solamente le falta ser Gobernador de los veracruzanos. Hasta el viernes.

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