“En La Jornada, el periodista Julio Hernández López, escribe que: “una alianza manipuladora de Miguel Ángel Mancera y Enrique Peña Nieto ha empujado una efectista reforma política en el Distrito Federal que anoche se discutía en el Senado de la República y que implicaba una aberrante reivindicación del dedazo, al establecer que 40 por ciento de los diputados a un congreso constituyente capitalino serían designados por cuotas a repartir entre las cámaras de diputados y senadores, y entre el jefe del gobierno capitalino y el ocupante de Los Pinos. […] En términos prácticos, esa estructuración del futuro constituyente significaría una tramposa inserción relevante del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Los Pinos en un escenario donde no sólo han estado en evidente y contundente desventaja electoral, sino que algunos de sus personajes más conocidos (Enrique Peña Nieto, en un extremo de poder y, por citar un caso escandaloso, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre en otro polo) sufren una amplia repulsa […]. En el fondo de las contenciones y la simulación está la estrategia priísta que desde la toma peñista del poder ha ido desarmando y golpeando los logros ciudadanos conseguidos durante las administraciones de Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Marcelo Ebrard. Ese cierre de filas Peña-Mancera está presente en las abiertas maniobras de poder que buscan frenar a Morena en demarcaciones claves, como Tlalpan, Iztapalapa y Cuauhtémoc, donde hay un ánimo colectivo favorable al partido lopezobradorista”.