picEl cuerpo expresa las emociones. Y cuanto más sordos seamos a ellas y más neguemos nuestros afectos, más sufriremos corporalmente. Esa sordera psíquica produce una ruptura en la íntima unión que tiene el cuerpo con la psique y provoca las llamadas manifestaciones ‘psicosomáticas’. Cuando el afecto se aplasta, el cuerpo queda dolorido, a la deriva, y reacciona con una enfermedad, con un dolor.

¿Pero cómo procesamos nuestras emociones? Hay una conjunción entre lo sensorial y lo verbal. Cuando verbalizamos nuestras experiencias afectivas, recurrimos con frecuencia a metáforas sensoriales como ‘temblé de miedo’, ‘me aplastó la pena’…

Antes del dominio del lenguaje, el bebé utiliza su cuerpo para expresar el dolor, la rabia, la angustia. Su madre hará una lectura de esas emociones y enmarcará con palabras lo que le ocurre. El lenguaje pone límites a la angustia y construye nuestro psiquismo. La somatización es una forma de protolenguaje que aparece en el principio de nuestra vida. Cuando las emociones no pueden ser elaboradas psíquicamente, son somatizadas.

Carmen tenía un fuerte malestar en el estómago. Le habían diagnosticado gastritis, que se agudizaba en épocas de estrés, a la que se añadía una producción anormal de gases que le provocaban pinchazos muy dolorosos. La mujer tenía una tienda, cuya administración le llevaba mucho tiempo, y dos hijas pequeñas que la reclamaban constantemente. Además de ocuparse de su negocio, sus hijas y su propia vida, pretendía ser una buena ama de casa, al estilo de su madre. Pero no pedía la ayuda que requería porque necesitaba demostrarse a sí misma que era capaz de hacer muchas cosas, que valía mucho, siempre pensando en la mirada de su madre, una mujer muy exigente que nunca apreciaba lo que hacía.

Tras todo este esfuerzo se escondía el convencimiento íntimo de que jamás sería tan aceptada y querida como su hermano. El apego infantil que sentía por su madre era tan intenso como negado, lo que la llenaba de rabia y de dolor. La lucha interna que mantenía consigo misma para ignorar el desamparo afectivo que siempre había sentido le producía un agotamiento tan grande como las tareas diarias.

Sentir o no sentir

Para no pelearse con su madre ni con su hermano, Carmen lo hacía consigo misma, y esta lucha se expresaba en su estómago. No podía digerir afectivamente que su madre se pasara la vida magnificando cualquier cosa que hacía su hermano, mientras a ella siempre le exigía más y más. A veces se sentía a punto de explotar, pues esa era la sensación que le producían los gases, como si tuviera una bomba dentro.

La necesidad de apego y protección se traduce especialmente en disturbios del área digestiva. Se podría decir que la persona necesita un mejor alimento afectivo. Todo conflicto capaz de desencadenar ansiedad, culpa, deseo reprimido o agresividad, puede desencadenar manifestaciones somáticas.

-La hipertensión: se puede agudizar como reflejo de una extrema tensión y, a la vez, de un fuerte deseo pasivo de liberarse de ella. Ambas tendencias son inconscientes y se observanen personas que parecen tranquilas.

-Dolores de cabeza: si no existe una causa física, pueden padecerlos personas de una marcada inestabilidad emocional. Según el psicoanálisis, estos individuos tienen tendencia a la depresión y muestran a menudo intenso apego hacia sus progenitores. Se encuentran en lucha contra una actividad hostil inconsciente dirigida a destruir la inteligencia de alguien, pero los sentimientos de culpa vuelven esa tendencia contra la cabeza propia.

-La piel: es una frontera física. Las afecciones dermatológicas señalarían dificultades en las relaciones entre el ‘yo’ y los otros.

-Aparato respiratorio: la respiración está vinculada con la angustia. Los resfriados frecuentes o muy largos pueden ser consecuencia de pequeños estados depresivos que no se registran conscientemente.

Claves

-Todos tenemos algún punto débil en nuestro físico, y cuando la tensión nos ataca, tienden a enfermar. El cuerpo nos avisa de conflictos a los que hay que prestar atención.

-Poner palabras a lo que sentimos, dar cuenta de lo que nos pasa, nos ayuda psicológicamente y también corporalmente.

-Cuando el dolor se enquista en el cuerpo, hay que preguntarse cómo nos sentimos con nuestra vida.

Las palabras

Conversión

-Consiste en transferir un conflicto psíquico al cuerpo. La energía psíquica, que ha sido retirada de sus representaciones mentales, queda libre y ejerce presión sobre un órgano. El síntoma representa el conflicto que se quiere expresar.

-Esta transposición al cuerpo de un conflicto emocional es un intento de resolver el problema sin sufrimiento psíquico. Es más fácil aliviar un dolor de cabeza que la angustia.

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