Por Sergio González Levet
16 de abril de 2015

En los corrillos veracruzanos la noticia empezó como un chisme, pero fue confirmada por la propia candidata priista a la diputación federal por el Distrito XVIII, Zongolica: Lilian Zepahua presenta un embarazo de cerca de seis meses de gestación y se prevé el nacimiento de su hijo hacia fines de junio o principios de julio.

¿Y qué?

Pues nada, que para los fines electorales no hay ningún impedimento legal o normativo en el caso de que alguna candidata esté embarazada o se embarace durante la campaña, o durante su gestión, si obtuviera el triunfo en las urnas.

Así que doña Lilian tranquilamente seguirá siendo la aspirante de su partido, para el que ha trabajado desde adolescente, en el que fue funcionaria de cierto nivel y para el que fue diputada local.

Algunos moralinos, que nunca faltan, han querido poner el grito en el cielo porque la ahora candidata no está casada formalmente ni tiene alguna acta correspondiente del registro civil, pero lo cierto es que desde hace más de un año ella mantiene una relación estable con un joven como ella, cuyo nombre no viene al caso poner aquí -porque es un asunto de su vida privada-, pero del que sí se puede decir que laboraba recientemente en el ámbito de la seguridad pública estatal, para evitar suspicacias y hasta ciertos comentarios malintencionados.

El chisme, pues, se ha acallado con su mejor antídoto: la información plena y cierta.

De ese modo, la licenciada Zepahua (estudió Administración en el campus de Querétaro del Tec de Monterrey) continuará -con todo y su “pancita visible”- recorriendo el distrito indígena del que es originaria y en una de ésas hasta su estado conveniente le arrime algunos votos adicionales de mujeres y hombres, que vean en su embarazo una prueba de fortaleza y de feminidad bien entendida.

Su caso recuerda el de Ivonne Ortega, la Secretaría General del PRI nacional, quien a media campaña presidencial de Peña Nieto -en la que estaba colaborando- anunció que iba a tener un hijo, siendo soltera. A las preguntas sobre la paternidad de su próximo bebé, ella respondió con todo aplomo: “Lo único que les debe interesar, es quién será la madre”.

Se dice que otra candidata actual está también en estado de gravidez (ojo, señores correctores, porque alguna vez me hicieron el favor de cambiar la expresión y me pusieron “estado de gravedad”), y es la aspirante panista al distrito XII, Veracruz Urbano, Gabriela Ramírez, aunque con menos meses de gestación. De ser cierta la noticia, podríamos aplicar a ella los mismos argumentos que a Lilian Zepahua, y todos contentos.

Lo cierto es que el decreto del presidente Enrique Peña Nieto -según el cual todos los partidos debían presentar sus candidaturas con un 50% de mujeres (suplentes incluidos)- orilló la posibilidad de que hubiera mujeres embarazadas entre las 250 candidatas a diputadas federales, más las correspondientes 250 suplencias.

El que una mujer se embarace es algo de lo más natural, y lo que realmente conlleva es la preservación de la especie, ni más ni menos. De eso a que alguna tenga que renunciar a su vida pública o a sus aspiraciones políticas, hay un laaaargo trecho.

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