EL_EXORCISTA.Por Frank Barrios Gómez

Corría el año de 1973, cuando fue presentada al público la película El exorcista, de William Friedkin, considerada la madre de las actuales películas de terror, resultó todo un éxito, tanto en pavor como en la recaudación de taquilla.

Muchos vimos esa película, y algunas personas resultaron con fuertes traumas que duraron bastante tiempo. No se hablaba de otra cosa, que no fuera de esa cinta, y algunas personas, en ese momento, cambiaron ciertos hábitos en su vida personal, como el dormir con la luz encendida, y hasta en compañía otra persona, si es que tenían una habitación para ellos solos.

En Puerto Vallarta, me comentaba uno de mis alumnos, que cuando salió del cine, se encaminó hacia su casa. Quien le acompañaba, al llegar a la suya, como estaba entrada la noche, metros antes de llegar a la puerta de su hogar, divisó un bulto en la oscuridad, y a gritos empezó a llamar a su mamá. Se trataba de un borracho que se había quedado dormido en ese lugar. Pero esa noche, durmió en la cama, con su progenitora.

Hechos y más hechos desató esta cinta del cine. Ya se sabía que fue filmada en base a un hecho real, que durante y después de la filmación, siguieron suscitándose una serie de sucesos, en aquel entonces inexplicables.

El hecho que en estos momentos sean más comprensibles, no quiere decir que todavía el hombre alcance a comprenderlos por completo, ya que se trata de sucesos paranormales, que sólo quien los vive, llega a comprenderlos en parte,

Esa cinta cinematográfica, resultó todo un éxito en todos los aspectos materiales, pero también fue una maldición para muchos que estuvieron involucrados en la filmación. ¿A qué se debió esto?

Todo lo que se filmó, se apegó lo más posible a la realidad, hasta los rituales del exorcismo, y de esta manera, sin proponérselo, se despertaron fuerzas infra dimensionales, que afectaron en parte o permanentemente a los involucrados.

Esto que sirva de lección, a quienes creen que practicar magia, es sólo tomar un libro y poner en práctica todo lo que ahí está escrito. No se preocupen, quienes lo hacen invocando a los ángeles y demás seres divinos. Serán asistidos, aunque no estén debidamente preparados, porque la divinidad no causa daño a quienes se ponga en contacto con los planos superiores de conciencia cósmica.

Pero practicar magia negra, e invocar a los grandes demonios y demás fuerzas que les acompañan, eso sí son palabras mayores, que pueden ocasionar la locura, una salación que nadie quisiera experimentar, y hasta la muerte.

Por eso, a quienes se aventuraran a estudiar en los templos de antaño la magia, de antemano se les advertía: “Deteneos insensato. Vas a traspasar este umbral. Si lo haces por curiosidad, la locura y muerte van a tu espalda. Pero si lo haces con respeto y obediencia a tus maestros, puedes ingresar sin problema alguno”.

La demonología es algo que no cualquiera debe tocar sin estar debidamente preparado. Quien con toda la intención, decida invocar a los seres infernales, tiene que pagar el precio, y muchas veces lo hace con la locura o la muerte.

Enrique Cornelius Agripa (1486-1535) nigromante alemán, cierto día tuvo que ausentarse de la ciudad, y dejó su casa a cargo de uno de sus estudiantes, con la recomendación de que por nada bajara al sótano.

Eso fue lo que hizo el aprendiz, encontrándose en ese sitio el templo del mago, donde llevaba a cabo sus trabajos mágicos. Se revistió con la túnica del mago, abrió uno de los grimorios, empuñó la espada y báculo, trazó en el suelo un círculo de protección e invocó a un ser infernal.

Cuando éste se materializó, y con voz tenebrosa le preguntó para qué lo llamaba, temblando el estudiante respondió que no quería nada con él. Que sólo estaba probando si esa invocación daría resultado.

La aparición, asumiendo una postura amenazante, y con una voz de ultratumba respondió: “Insensato mortal, me haces venir desde lo más profundo de averno para nada. Crees que por estar dentro de ese círculo estás protegido contra mí. Qué equivocado estás”.

Esa noche, en la ciudad se había desatado una tormenta como nunca antes vista. Al regresar a casa Agripa, no encontró a su alumno. Bajó al sótano y al ver la escena dantesca, y el grimorio (libro de magia) abierto, comprendió lo que había sucedido.

Conocedor y dominador de esas artes, el nigromante invocó a ese ser del bajo mundo, y le ordenó que hiciera que ese cuerpo inerte se levantara porque de quedarse ahí, se vería en serios problemas, y lo hiciera caminar hacia un lugar público, para verse liberado de esa muerte que él no había causado.

Las escenas practicadas en la película “El exorcista”, fueron tan reales, que lo que ahí se vio estuvo apegado a enseñanzas de alta magia. El resultado, una maldición para muchos de los protagonistas, que incluso los llevó a una muerte violenta.

Con tal que fuera lo más real la escena, la habitación de Reagan MacNiel (Linda Blair) estuvo con una cámara frigorífera, para que el vaho que saliera de la boca de los presentes, y los escalofríos fueran reales. Su director, William Friedkin no escatimó esfuerzos, para que la novela de William Peter Blatty, fuera lo más apegado a la realidad.

Antes y después de la filmación, se escucharon voces y ruidos inexplicables, además que varios objetos se movían y volaban ante los ojos de los incrédulos (no tanto en ese momento) presentes. De las paredes se escuchaban ruidos, como si alguien o algo las arañara. Pero la filmación continuó, y se pagó el precio por haber invocado a seres del bajo mundo.

El primer día del rodaje de la cinta, fallecieron 3 personas; el abuelo de Linda Blair, un hermano de Max Von Sydow (padre Merrin), y el hijo de tan sólo 1 día de nacido, del regidor. Los decesos, curiosamente se suscitaron a la misma hora.

El actor Jack McGowran, fallece de una extraña gripe. El hijo de Jasón Miller (padre Karras), muere atropellado por una moto. El mismo McGowran, el día del estreno de la cinta, muere de un infarto al miocardio. Además, otras personas del equipo técnico perdieron la vida. La misma Linda Blair estuvo en la cárcel, por posesión de cocaína. El estudio número 8 de la Warner, sufrió 3 incendios misteriosos durante la filmación.

¿Casualidades? Dicen que la mano del demonio estuvo detrás de todo esto. Lo cierto es que se invocaron energías no deseables antes y durante la filmación, y se pagó el precio de esos actos. La desgracia para unos, y la muerte para otros.