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Por Mussio Cárdenas
04 de abril de 2015

De entrada, “Culín” es un perdedor. Bajo la coraza de ego, los aires de suficiencia, el alarde en la palabra, el uso de la ley como látigo de la justicia, Luis Ángel Bravo Contreras trasluce el miedo al fracaso, sus taras judiciales, la manipulación de la realidad y la obsesión por encarcelar.

Un caso lo exhibe: el asesinato del pastor evangélico Claudio Martínez Morales.

Otro caso lo ridiculiza: el crimen del periodista José Moisés Sánchez Cerezo.

Otros casos más lo balconean: las desapariciones a lo largo y ancho de Veracruz.

Unos más lo pulverizan: la oleada de secuestros y ejecuciones.

Otro lo cuestiona: el levantón y asesinato del reportero Gregorio Jiménez de la Cruz.

Uno lo coloca al borde del escándalo: la manipulación del secuestro y crimen de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes.

Pero hay uno que lo sepulta: el encarcelamiento de la periodista Maryjose Gamboa Torales.

Su andar en la Fiscalía General de Veracruz ha sido perverso. Manipula a discreción, falsea la verdad, oculta hechos, exacerba lo que le conviene, juega con la suerte judicial y especula con la libertad de inocentes y culpables, de ángeles y demonios.

Abogado con pasado cuestionable, en sus días de litigante no siempre defendía al inocente. Por su despacho pasaban lo malo y lo peor, el asaltante y el criminal. Y Luis Ángel Bravo Contreras se aprestaba a lograr la libertad de quien fuera, así se tratara de un delincuente.

Sobre esa base construyó el hoy fiscal de Veracruz su fama de abogado sin escrúpulos, que no sirve a la justicia sino al que le cubre sus honorarios.

Labró fama en sus días de estudiante. Aventajado, destacaba en la teoría y cumplía en la práctica. Sobresalía, sin embargo, en la imagen personal. De ahí le viene el mote de “Culín”, el más prendido, el más planchado, el más estirado, el más pulcro, el más apuesto, según él y según quienes le seguían el juego.

“Culín” es hoy un fiscal que tiene la justicia a sus pies. Y con ello hace de cada caso judicial un espectáculo de luz y sonido, frases rimbombantes, su figura en el centro de la conferencia de prensa, su voz, la única que se debe escuchar.

Protagonista, obsesivo acaparador de reflectores, Luis Ángel Bravo va haciendo de la procuración de justicia en Veracruz un reto personal, perseguidor de inocentes, a quienes encarcela, enloda, desata sobre ellos pasiones vengativas con tintes de paranoia.

Uno así es el caso de los electricistas acusados del crimen del pastor evangélico Claudio Martínez Morales, líder de la Comunidad de Dios, ocurrido el 17 de junio de 2013, en Coatzacoalcos. Liberados ahora por haberse incriminado con una confesión obtenida mediante tortura, les promete “Culín” que los va a encarcelar de nuevo.

No han sido exonerados, dice el fiscal Luis Ángel Bravo. Salieron porque la confesión donde aceptaban su culpabilidad fue obtenida vía prácticas de tortura que ejerció un grupo de agentes ministeriales. Pero contra los torturadores no aplica la ley “Culín”. Los ignora. Centra su discurso en que los cuatro trabajadores de Comisión Federal de Electricidad no son inocentes. Y dice que les tiene preparada una sorpresa. ¿Obsesión? Sí.

Luis Ángel Bravo se patinó en el caso del levantón y asesinato del periodista José Moisés Sánchez Cerezo, ocurrido el 2 de enero de 2015. Mentía y mentía. Ocultaba la verdad. Desdeñó líneas de investigación, incluida la del crimen organizado como autor del plagio, mientras centraba sus empeños en encarcelar al alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes, con quien el editor del semanario “La Unión” había tenido encuentros y desencuentros.

No actuó hasta que la prensa crítica de Veracruz motivó a la organización Artículo 19, llevó el caso al programa de Carmen Aristegui, involucró al entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, y habló con un grupo de embajadores de países extranjeros en México, que “halló” el cadáver del periodista y procedió contra el edil a partir de una confesión “de oídas” de uno de los supuestos sicarios.

En el entorno del fiscal siguen las desapariciones de personas y a los reclamos de organizaciones como Colectivo por la Paz, Luis Ángel “Culín” Bravo responde con promesas huecas, evasivas, falta de resultados, mitomanía, demagogia y engaño.

Tiene para el fenómeno del secuestro y la extorsión, el abigeato y la violencia, la palabra y la simulación. Crea unidades antisecuestro que no son más que la institucionalización de los grupos ministeriales que en el pasado inmediato no han podido con el impacto de esos delitos, que han motivado el clima de miedo por el baño de sangre que atrapa a Veracruz.

Cuando Luis Ángel Bravo llegó a la Procuraduría de Veracruz, el crimen del periodista Gregorio Jiménez ya era historia. Le tocó seguir las pesquisas, ser incisivo en los tribunales y demostrar la culpabilidad de los presuntos asesinos, incluida la autora intelectual, Teresa de Jesús Hernández, en un caso que el gobierno de Javier Duarte se niega a reconocer que al reportero de Notisur, Liberal y La Red lo mataron por lo que escribía.

Obtuvieron un amparo los implicados, pero “Culín” asegura que no saldrán libres. Y para ello nombró a Samyra del Carmen Khouri Colorado como subprocuradora, emanada de un juzgado federal, discípula del magistrado Vicente Mariche de la Garza, para que entre ambos hagan mancuerna y no liberen a quien no le convenga al fiscal de Veracruz. Vaya caso para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde creen que el Poder Judicial Federal es independiente de los cochupos de los gobernadores.

Otro caso le quema las manos: el secuestro y asesinato de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes, plagiada el 7 de julio de 2014. Su muerte fue confirmada por fuentes de la entonces Procuraduría, pero Luis Ángel Bravo se negó a admitirlo. Su razón política era que en Boca del Río se habría de celebrar la cumbre de senadores del PRI y del Partido Verde. Y para no empañar el evento, postergó el anuncio del desenlace fatal.

Jugaban “Culín y Javier Duarte con la esperanza de los padres. Aseguraba el gobernador que la pequeña de cinco años estaba viva y que haría todo por encontrarla. Pasada la cumbre de los senadores, Luis Ángel Bravo confirmó la muerte y le imputó la autoría del plagio a la tía de la niña, Mónica Reyes Baruch, también asesinada por los captores.

Su Waterloo es el caso Maryjose Gamboa Torales. Faltó a la verdad, fraguó una perversidad, acomodó las pruebas para mantenerla encarcelada a lo largo de ocho meses, negándole el derecho de enfrentar una acusación por homicidio imprudencial tras el accidente en que murió el joven José Luis Burela López, el 12 julio de 2014.

Sus pruebas fueron derrumbadas mediante juicios de amparo. Torcida la justicia en Veracruz, “Culín” lograba acciones del Ministerio Público, falsos testimonios de un médico legista, peritajes a modo, los jueces apabullados por el mesiánico fiscal del duartismo. La encomienda era mantener a la periodista en la cárcel. Al final, la justicia federal se impuso y Maryjose Gamboa, autora de la columna Al Aire, una de las plumas más críticas de Veracruz, que ha exhibido la podredumbre del gobierno de Javier Duarte, recuperó su libertad.

Vencido por la razón, “Culín” ha pasado por la Fiscalía sólo para exhibir sus obsesiones. Su ego lo nubla. La soberbia lo rebasa. Pueden los electricistas del caso Pastor Claudio haber logrado su libertad por sufrir tortura, pero Luis Ángel Bravo les promete encarcelarlos.

Aplica, pues, la justicia sin respeto a la justicia. Encarcela inocentes a sabiendas que son inocentes. Así trastoca la ley.

Algún día la justicia lo alcanzará a él. Quienes guillotinaban en la Francia de los Luises, terminaron viendo rodar su cabeza por la acción de la guillotina.

Que lo tenga presente el obsesivo “Culín”.

Archivo muerto

Luto en el gremio petrolero. Un estallido en la plataforma Abkatún Alfa-Permanente deja cuatro obreros muertos, siete heridos y tres desaparecidos. Ocurrió el miércoles 1, en la Sonda de Campeche. Sirve el accidente para plantear si fue algo fortuito, una fuga de material flamable, un error humano o el consabido atentado. En vías de aprobarse la reforma energética del peñismo, se registró la explosión en la Torre de Pemex, en el DF, sede de sus instalaciones centrales; se habló entonces de una bomba. Ahora, aunque prematuramente, se habla de nuevo de un atentado. Tres de los obreros muertos pertenecían a la empresa contratista Cotemar y el otro a Pemex; de los desaparecidos, dos eran de Cotemar y uno de Petróleos Mexicanos. Convoca Pemex a los viejos técnicos en seguridad industrial, los apagafuegos de los 80 y 90, cuya experiencia permitirá vigilar que la investigación y la auditoría al área siniestrada revelen qué fue lo que en realidad provocó la fatídica explosión… Que el lío de Guillermo Ibarra Macías, director de Infraestructura y Servicios Municipales, es con Juan Tomás Palma García, subdirector de Construcción. Se pelean por los volúmenes de obra aplicados en la construcción del bulevar a Las Barrillas, primera etapa. Cuentan los insiders que Ibarra bufa por los números presentados por la empresa constructora, los detalles técnicos, los materiales empleados y autorizados, que no cuadran con el negocio proyectado por el jefe de jefes, amigo y socio del alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, el violento Guillermo Ibarra, antiguo accionista de la compañía Perconsa. La novela sigue… Brotan miles de litros de aguas negras. Llegan a la playa. Su fetidez genera un efecto nauseabundo. Se observa en videos que circulan en las redes sociales las descargas de aguas con heces fecales hacia la zona turística en la playa de Coatzacoalcos. Unas se hallan a la altura de la avenida Pedro Moreno; otras por la colonia Petroquímica; unas más en el canal de Playa de Oro. Con procacidad se expresan los internautas en sus videos. Dialogan con otros turistas que advierten la salida de aguas negras, vertidas en la playa, contaminando todo (https://www.facebook.com/jgazcac/posts/965510303482997?comment_id=965562330144461&offset=0&total_comments=1&notif_t=mentions_comment) . El olor es insoportable y acusa un grave daño a los cuerpos de agua. Airada, justificada reacción de decenas de turistas en las playas de Coatzacoalcos. Esperaban encontrar la playa paradisíaca que les ofrecían y lo que hallaron fue el estiércol en la piel. Así recibe Coatzacoalcos a sus visitantes. Destino turístico, sin duda… Irrita a empleados de todo nivel, los de limpia pública, los de obras públicas, los de confianza en el ayuntamiento, la discrecionalidad en el reparto de boletos para la Expo Feria Coatzacoalcos 2015. A ellos no les tocó nada mientras el grupo joaquinista, la cúpula de oro, distribuyó los que se les asignó entre familiares y amigos. A las promotoras priístas les tocaba de a uno por cabeza, sin posibilidad de llevar familiares. Optaban por venderlos a mitad de precio. Estando en el poder, el joaquinismo se comporta como si al día siguiente no fuera a haber botín que robar. Son depredadores cotidianos. Devoran cuanto encuentran, para ellos el disfrute de las mieles del poder sin calcular que, como dice la sentencia bíblica, luego vendrá el rechinar de dientes… Y en las redes sociales corre otra denuncia: maltrato animal en la Expo Feria de Coatzacoalcos. Un carrusel en el área de juegos es la comidilla de todos. Los caballos no son ornamentales; son de carne y hueso. Se trata de ponys que atados al mecanismo, dan vuelta llevando a los niños sobre sí. Deplorable el espectáculo, viola la Ley Federal de Protección Animal, similar a lo que ocurre en los circos y que ha provocado que muchos de ellos se extingan por no poder sujetarse a la norma legal. Se está violando la ley estatal en la materia que prohíbe el uso de animales en ritos y fiestas tradicionales. ¿Dónde anda Andrés Azuela Berchelman, dueño, perdón, presidente del comité organizador de la Expo Feria? ¿Dónde están las autoridades municipales, el alcalde Joaquín Caballero Rosiñol por delante, y el regidor José Uribe Pozos, con la comisión de Expo Feria?…

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