resurreccion_de_cristo.
Por Frank Barrios
03 de abril de 2015

En estas fechas que acaban de pasar, volvió a conmemorarse una vez más, el drama que pasó el maestro de maestros, Jesús de Nazaret. Esos días fueron de reflexión, para valorar el sacrificio que hizo el Mesías, por salvar al mundo de tantos errores que cometemos los humanos.

Muchos aprovecharon esos días de asueto para buscar distracción. Otros, prefirieron quedarse en casa, para guardarlos como manda el catolicismo. Cada quien hizo lo que su conciencia le dictó, y cualquiera que haya sido lo hecho, nada es criticable.

Lo cierto de todo esto, es que hace 2 milenios, vino al mundo un niño que se llamó Jesús. Por más que hizo Herodes para asesinarlo no lo logró. Treinta y tres años después de su nacimiento (sabemos que fueron 40) pagó con su vida el haber entregado a la humanidad, una doctrina de amor.

Los judíos del Sanedrín, sintiendo que era un peligro para continuar con su negocio, ya que lucraban descaradamente con la religión, deciden que Pilatos apruebe una ley y se le crucifique, como a cualquier criminal de la época.

Fueron los mismos que en estos instantes adoran a Jesús de Nazaret, (el clero católico) quienes movieron cielo y tierra, para que el gobernador Poncio Pilatos, ordenara su ejecución. De no haberlo hecho, llevarían el caso hasta el César, y esto no era conveniente para el gobernador de Judea.

Si en estos instantes volviera a manifestarse el maestro Jesús, como lo hizo hace 2 milenios, volvería a correr la misma suerte de antaño, sólo que su muerte sería más sofisticada, para no llamar tanto la atención.

Así descendiera de las alturas, rodeado por un coro de ángeles, y lo hiciera directamente sobre el Vaticano, jamás sería aceptado como tal. Lo que harían sería apresarlo, y si no lo matan lo mantendrían encarcelado, para que no interfiera en los movimientos de la Santa Sede.

Lo que ayer fue aceptado como milagro, hoy en día es motivo de estudio científico, y con asombro la ciencia encuentra que tiene una explicación racional. En esta Era de Acuario, muchas cosas que antes no tenían una explicación, ahora son comprensibles por la mente, al haberse encontrado ese hilo que une lo divino con lo humano, aunque de todo no es comprensible en estos momentos.

Algo que el hombre debe comprender, es que la misma divinidad utiliza los fenómenos naturales para manifestarse. Si Dios los crea, él sabe en que instante deben presentarse, para que haya un equilibrio entre la materia y el espíritu.

La parapsicología, ciencia que se dedica al estudio de los fenómenos paranormales ha logrado explicar muchas cosas que antes se creía, eran porque así Dios lo había decidido, y el hombre no tenía otra opción que aceptarlo como dogma. Pero la mente humana maduró, y en estos momentos estamos viviendo grandes cambios.

Al ser crucificado Jesús de Nazaret, la tierra se oscureció y tembló; los santos salieron de sus sepulcros y muchos creyeron que había llegado el final de la humanidad. En el Evangelio de San Mateo (27.45, 46, 50, 51,54) se lee:”Y cerca de la hora nona, Jesús clamó con gran voz diciendo: ¡Elí eli lamah sabac tani! Lo cual significa “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

“Y desde la hora sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona “ “Más Jesús habiendo otra vez exclamado con grande voz, entregó el espíritu” “Y he aquí que el velo del templo se rasgó en 2, de arriba abajo y la tierra tembló y las piedras se hendieron” “Y el centurión y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera diciendo: verdaderamente, hijo de Dios era este”

Casi 2 mil años transcurrieron y se aceptaba este hecho tal, y como está escrito, porque así se lee en la Biblia. Investigaciones irrefutables del astrónomo alemán Rupert Wildt (1905-1976) demostraron sin temor a error de cálculo, que la tarde de la crucifixión del nazareno, se llevó a cabo un eclipse total de sol, el cual fue visible en Medio Oriente, y confirma lo dicho por los evangelistas, sobre este fenómeno astronómico. La tierra se oscureció prevaleciendo las tinieblas a causa de este fenómeno astronómico.

Al llevarse a cabo un acontecimiento celeste, debe entenderse que se trata de un anuncio de la misma divinidad, quienes en esos instantes se reúnen, para tomar decisiones que marcarán una huella para la humanidad.

Es muy cierto que Jesús poseía un gran poder, y que todo se conjugó para que se convulsionara la tierra, en los instantes en que entregaba el espíritu a su Padre. Si ya se conoce la causa de esas tinieblas, las del terremoto todavía no han sido aclaradas. Los geólogos no poseen aparatos que puedan investigar fenómenos, suscitados miles de años atrás.

San Mateo (27.52, 53) dice que los sepulcros se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron. Esta narración no tiene gran ciencia para poder explicarla porque se trata de una metáfora, lo que viene siendo una narración fingida, que encierra un sentido moral.

Nadie se ha levantado de las entrañas de la tierra, y menos en estos tiempos, en los que se acostumbra cremar los cuerpos. Dicen algunos teólogos que quizá, ante la eventualidad de que el mundo se estaba acabando, muchos evocaron la memoria de hombres santos, para que los salvaran de lo que parecía un final inminente. Bastante aceptable esta afirmación de los modernos doctores de la ley religiosa.

También podría entenderse que cuando Jesús falleció, el templo se rasgó en 2, de arriba hacia abajo. Él habló en vida que levantaría el templo en 3 días, pero se refería al templo de su cuerpo. No sería extraño que al fallecer, liberó tal cantidad de energía, la cual fue visible físicamente, manifestándose de su cabeza a los pies, y se produjo ese fenómeno que todavía no alcanza a comprender la mente humana.

Mucho se habla sobre lo que sucedió, y actualmente se celebra en estos días pasados de semana santa. Todo un drama, en el que los actores acompañaron al personaje central, Jesús de Nazaret.

Con el descubrimiento del “Evangelio de Judas”, en los años 70, por unos campesinos egipcios, el cual forma parte del “Códice Tchacos”, escrito en el siglo IV por una secta gnóstica, y dado a conocer en el año 2006 al mundo, por la organización National Geographic Society restaurado, se conoce que Judas no traicionó a su maestro, como lo dijo durante 2 milenios el clero católico.

Judas se dedicó a seguir la orden que su mentor le había indicado, y al principio no quería, porque quedaría marcado como un traidor. Pero Jesús le dijo: “Con el tiempo se conocerá la verdad, y tu nombre brillará entre lo alto, como la más deslumbrante de las estrellas”. Y eso se está viendo en este siglo XXI.

Hay que reflexionar que la verdad está saliendo a flote, para bien de la humanidad. Lo que en el año 172 d. C. la Iglesia Católica ordenó que fuera destruido, está saliendo a la luz, para que se conozca una verdad, y caiga de los ojos del hombre la venda de la ignorancia.