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Ciudad de México, 11 de abril (SinEmbargo).– Cada mes, Enrique Peña Nieto, Presidente de la República, ha visitado por lo menos una vez su tierra natal, el Estado de México. Así, en los casi 28 meses que lleva su Gobierno ha completado 28 giras por la entidad, en tanto que ha pisado sólo una vez el suelo de Sonora y Oaxaca. La segunda entidad que más ha visitado el Primer Mandatario es Guerrero, con 22 giras, y enseguida Jalisco, con 10.

A Michoacán y Tamaulipas, el Presidente no los visitó hasta septiembre de 2013, lo que los observadores se explicaban en el alto índice delictivo en esas entidades. Pero la postergación para presentarse en una tierra también se observó en Baja California Sur, donde el Presidente no estuvo hasta septiembre de 2014 cuando el huracán Odile destruyó parte de la península. Sólo entonces, el Primer Mandatario completó cuatro giras de trabajo ahí.

Sonora y Oaxaca son otros de los destinos que han aparecido muy poco en la bitácora presencial. Apenas las ha visitado una vez. Hasta agosto de 2013, Peña Nieto ya había realizado 63 giras, sin que esos estados estuvieran incluidos, ni siquiera considerados.

El politólogo Enrique Toussaint, formado en la Universidad de Guadalajara (UdeG), expuso que el hecho de que un Primer Mandatario concentre sus visitas en su lugar de origen está relacionado con la crisis de credibilidad por la que atraviesa su Gobierno. “En el Estado de México su discurso estará más arropado, más abrigado. Eso no ocurrirá en Tamaulipas, Oaxaca o Michoacán”, explicó.

La última encuesta que se ha realizado sobre la credibilidad de la palabra del Presidente –la de GEA-ISA– le otorgó 39 por ciento de reprobación; ese es el porcentaje de los mexicanos que respondió que no le cree nada al Presidente Peña Nieto. En marzo de 2008 (en el mismo momento del sexenio) a Felipe Calderón Hinojosa el 18 por ciento de los mexicanos no le creía nada, y a Vicente Fox Quesada, en el mismo tramo, se le otorgó el 22 por ciento.

Si se trata de discurso, Carlos Páez Agraz, fundador de la aplicación AdQuat que analiza palabras, coincide: “Los avances que ha dado el Presidente en oratoria han ocurrido en el Estado de México. La sensación de abandono lo lleva de nuevo al vientre. El Estado de México es el único lugar donde le aplauden y nadie duda en hacerlo”.

Si se siguen los acontecimientos, lo anterior resulta certero. El Estado de México ha sido el escenario de acciones sin precedentes en la gestión de Enrique Peña Nieto. La última vez que estuvo ahí fue el pasado 30 de marzo cuando se presentó para entregar equipos a la policía local. Aprovechó –por primera vez– para hablar de crimen organizado y el vínculo de sus tentáculos con la desaparición de 43 normalistas de la Escuela Rural Superior Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero.

Antes de empezar un periodo vacacional por Semana Santa, el Presidente habló en su tierra de los logros de su Gobierno en la materia: “Hoy, ‘El Chapo’, ‘La Tuta’ y el jefe de los Beltrán están enfrentando procesos, muchos otros más están enfrentando procesos y están fuera de la sociedad a la que estaban lastimando”, expresó al referirse a Joaquín Guzmán Loera, Servando Gómez Martínez y Héctor Beltrán Leyva.

Hay un elemento que jamás ha estado ausente en las 27 giras del Presidente Enrique Peña Nieto en su terruño: las mujeres. Ya sea en Huixquilucan, Cuautitlán Izcalli o Villa del Carbón brotan gritos femeninos como si los tiempos de campaña no se hubieran acabado: “¡Enrique, bombón, te quiero en mi colchón!”.

El Presidente ha visitado con más frecuencia esa entidad que hasta 2007 tuvo el índice más alto de feminicidios; pero que ya no lo tiene gracias a la magia del maquillaje de los términos legales, como han denunciado diversos grupos civiles. Hasta ese año, la tasa era de 9 por ciento, superior a la media nacional de 3.5, lo que había activado todas las alarmas de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Ahora, sólo tiene el 3 por ciento.

La Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) determinó que los asesinatos de mujeres ocurridos ahí no eran dolosos; es decir, no había odio comprobado y, por lo tanto, no podían considerarse como feminicidios. Sometidos a esa clasificación, Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán México y Huixquilucan desaparecieron de la lista de 14 municipios con mayor riesgo para las mujeres en el país.

La visitas presidenciales han ocurrido también con motivo de inauguraciones de obras de infraestructura, como la del 17 de abril de 2013 cuando cortó el listón de la Plaza Estado de México en Cuautitlán Izcalli, o la del 3 de enero de 2014, fecha en que puso en marcha la ampliación a 4 carriles de la carretera Atlacomulco-Palmillas.

El 20 de julio de 2013 inauguró el Hospital Villa del Carbón. En esa ocasión, celebró sus 47 años de vida y ofreció un discurso pleno en agradecimientos a “la mayoría de los mexicanos” que le brindó la confianza para convertirse en Presidente de México.

LA POSTERGACIÓN

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El Presiente y Egidio Torre Cantú, Gobernador de Tamaulipas, en octubre de 2013 y después del paso del huracán “Ingrid”. Foto:Cuartoscuro

A Tamaulipas y Michoacán, el Presidente Enrique Peña Nieto postergó sus visitas. Su presencia en esos estados fue anunciada; pero luego cancelada en varias ocasiones. En la primera entidad estuvo por primera vez el 18 de septiembre de 2013 debido a que la furia del huracán “Ingrid” había dejado estragos. Luego volvió en junio de 2014. Esa vez, el Gobierno Federal había desplegado un plan de seguridad y en Tampico y Ciudad Madero, decenas de ciudadanos organizaron manifestaciones con una sola demanda: paz. A través de mantas le decían a Peña Nieto que “con voluntad, sí se puede”.

Michoacán es otro estado que recibió cancelaciones sistemáticas antes de ser visitado por el Primer Mandatario. Como candidato, Peña Nieto no asistió a la cita en ese estado en mayo de 2012. Ya como Presidente, anunció dos viajes, uno para la primera quincena de enero y otro para septiembre de 2013; pero no realizó ninguno. En junio de 2014 se presentó ahí por primera vez.

En enero de 2014, el Jefe del Ejecutivo nombró por decreto a Alfredo Castillo Cervantes como comisionado de seguridad ante el índice desbordado de violencia visto sobre todo en los homicidios relacionados con el crimen organizado. Un año después, en enero de 2015, el funcionario dejó el cargo. En el periodo de gestión de Castillo Cervantes, el Presidente Peña Nieto pisó en nueve ocasiones esa tierra de El Bajío mexicano.

Hoy, ante las estadísticas, los municipios michoacanos aparecen como territorios donde morir bajo la sombra del dolo alcanza un alto índice. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Apatzingán tiene el 35.5 por ciento y Lázaro Cárdenas, el 28.5 por ciento, cuando la media nacional es de 13.07 por ciento por cada 100 mil habitantes. Ahí está enraizada la base de Los Caballeros Templarios; no obstante, la detención de Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, el líder de ese cártel, en marzo de este año. Los grupos de autodefensa permanecen en guardia porque sostienen que la violencia no ha terminado. A veces, hay disputas a balazos entre ellos.

En Tamaulipas se encuentra Matamoros, el municipio que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reconoce también con uno de los índices más altos de muertes vinculadas con el crimen organizado: 15.9 por ciento. Está considerado como el bastión criminal de Los Zetas y ahí fue detenido su líder, el Z-40.

¿POR QUÉ SE SENTIRÍA INCÓMODO EN OAXACA?

En Oaxaca se encuentra en carne viva la manifestación en contra de la Reforma Educativa, la primera de las estructurales promulgada por el Presidente. De manera intermitente en la capital y con plantones fijos en algunos municipios, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se oponen a los cambios que ordena la nueva legislación como el examen de aptitudes.

Y el Presidente no había visitado ese estado durante dos años de Gobierno. De hecho, canceló giras que ya estaban en su bitácora, como la inauguración del primer Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) del sexenio, el 14 de mayo de 2013 en el municipio de Miahuatlán (en su lugar, acudió Manuel Mondragón y Kalb, entonces comisionado nacional de Seguridad).

Apenas estuvo ahí el 2 de enero de 2015, cuando puso en operaciones el nuevo sistema de Transporte de Gas Natural de Jáltipan a la Refinería Salina Cruz y dio marcha a la construcción de la Flora Menos de Petróleos Mexicanos (Pemex), acompañado por el Gobernador Gabino Cué Monteagudo y el dirigente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Carlos Romero Deschamps (la persona de Romero Deschamps fue ovacionada en esta ocasión).

EL ÚLTIMO ESTADO EN LA BITÁCORA: SONORA

El Río Sonora después del derrame responsabilidad de Grupo México. Foto: Cuartoscuro
El Río Sonora después del derrame responsabilidad de Grupo México. Foto: Cuartoscuro

Sonora entraña el mayor desastre ecológico del que se tenga memoria en la historia de la minería nacional. Metales y ácidos de la mina Buenavista del Cobre, de Minera México, fueron derramados en el río Sonora y extendidos al de Bacanuchi en agosto de 2014. Acabaron con siete poblaciones enteras del Valle del Yaqui. Sin embargo, la población se quedó a vivir ahí. Juntos son unas 25 mil personas repartidas en Huépac, Aconchi, Ures, Banámichi, Baviácora, Arizpe y San Felipe de Jesús.

Y especialistas de la Universidad de Sonora han advertido que el río Sonora podría volverse otra vez cobrizo y en contra de todos pues cuatro represas de Buenavista del Cobre derraman poco a poco químicos tóxicos al caudal que abastecía de agua para uso y consumo. Ahí, en Sonora, se vive en convivencia con el río y en alerta.

Antes del derrame, el 22 de abril de 2014, el Presidente había estado en Puerto Peñasco. Para entonces, ya tenía poco más de 17 meses como Primer Mandatario y había recorrido algunos estados hasta en 12 ocasiones. En el presidium estaba Manlio Fabio Beltrones, el coordinador de los diputados federales priistas. El Presidente Peña Nieto dijo, entre bromas, que él tendría la responsabilidad de vigilar parte del presupuesto con que contaría el estado en los siguientes años.

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