El Universal, asegura en su Editorial que: “con frecuencia se asocia la figura del INE a la de un árbitro deportivo. La analogía es buena para ilustrar lo que ocurre cuando esa autoridad es desacreditada. Un árbitro a quien “se le va el juego de las manos” por no sancionar una acción o por ser muy duro contra otra, queda inservible […] ¿Cómo solucionar el descrédito? Se necesitará de la participación de todos los partidos, inclusive de los que con sus cuotas intentaron meter mano en las decisiones del árbitro. El poder del INE no radica tanto en su capacidad de sanción como en su facultad de interlocución con todas las fuerzas políticas. En el momento en que deja de ser percibido como un actor neutro, objetivo, todo el resto de la millonaria estructura pierde también su credibilidad y por tanto los resultados que de ella se obtienen. Eso no le conviene ni siquiera al partido que esté intentando controlar al INE”. (sin embargo.com)