Por Martín Quitano Martínez
07 de abril de 2015

…Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos por que nos deslumbre
su parásita ambición…

Canción La Belleza.

Luis Eduardo Aute

 

Este 5 de abril han iniciado las campañas electorales. La Cámara de Diputados se “renovará” en medio de una profunda crisis generalizada, donde se presagia un abandono mayor al siempre ocurrido en elecciones intermedias; pocas ideas convincentes que pueden resultar convocantes para salir a votar, previéndose una muy alta abstención, circunstancia normal dirán algunos, pero explicable y preocupante para nuestra lastimosa democracia, diríamos otros.

La previsible continuidad de la desfachatez de los actores políticos, es en sí misma un aliciente para que, en el marco del hartazgo, se deje pasar la oportunidad de mostrarles a los que se presentan como candidatos y a sus partidos, que estamos agotados de no encontrar más que la ofensiva puerilidad de caras y frases que parlotean los lugares comunes de una estirpe política que no mira , ni escucha lo que realmente está pasando afuera.

Con sus excepciones, que seguramente las habrá, las candidaturas presentes son la justa medida de los problemas que enfrenta una vida política marcada por la opacidad, la corrupción y la impunidad; las muestras están allí en los carteles, en los spots, en las imágenes que por millones se nos presentarán con rostros, sonrisas y mensajes, idénticos a los de siempre, a los de campañas anteriores que no han cumplido.

Son gestos que evidencian la continuidad del cinismo, de la banalización de la política, donde todo se puede, donde todos pueden, sean delincuentes o no, sean honorables o no, estén preparados administrativamente o no. Porque la política que han hecho ellos mismos está tan desvirtuada, que un valor de campaña es presentarse a competir sin “ser político”, porque es algo que mancha, que es malo y criticable.

El Veracruz en campaña no es, en la mayoría de los casos, una presentación de propuestas o proyectos políticos de interés general, sino un concurso de regalos, de sobornos, de manipulaciones e intimidaciones. Es el Veracruz político de siempre, el que no cambia, el que desdeña el rechazo social, ignora las demandas, desconoce los pesares, cobija el exceso. Es el Veracruz ciudadano que después de maldecir y quejarse de sus políticos, les otorgan su respaldo a cambio de una gorra, una camiseta o un baile popular. Pobre Veracruz que sumido en la desconfianza y en la crisis, es convocado a votar por los mismos que no dan ningún aliciente para esperar que ahora los resultados sean distintos.

La crisis de la política mexicana, de lo político, es que a tres lustros de distancia de la alternancia política, se ha malogrado la creencia de muchos de que las cosas habían cambiado al generarse un piso social que permitiría ir limpiando la casa y mejorando la conducta de sus habitantes, modificando las prácticas políticas que por décadas había impuesto el PRI.

Nada más lejos de la realidad: la élite política mexicana integrada por todos los partidos políticos, funciona sin distingo bajo las premisas más viejas, más malolientes, más lesivas para la democracia, apostándole a que todo siga igual para la supervivencia de su especie.

Ciertamente ha habido avances y algunos cambios positivos, sin embargo y pese a lo que sin duda se ha hecho bien, los dinosaurios siguen allí, activos, vivos en su infinita premodernidad, vigilantes de sus prebendas, de sus privilegios ganados a costa de la pobreza y la marginación de millones, rabiosos guardianes de la impunidad, orgullosos poseedores del pinche poder.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

De ser cierta la falta de acreditación en 4 de las 5 facultades de medicina, ¿quién asumirá la responsabilidad?

 

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