Por Elsa de León A.
21 de abril de 2015

México ocupa el primer lugar en niñas embarazadas entre los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según reporte de la Organización de la Naciones Unidas del 2013.

Según el reporte Maternidad en la niñez, del Fondo de Población de las Naciones Unidad (UNFPA, por sus siglas en inglés), los países en desarrollo presentan más probabilidades de que sus adolescentes se embaracen debido a que pertenecen a los hogares con más bajos ingresos, tienen los niveles más bajos de educación y viven en zonas rurales.

De acuerdo con este reporte, México actualmente tiene la tasa de natalidad más alta en adolescentes y jóvenes de entre 15 y 19 años: 64.2 por cada mil nacimientos, mientras que Suiza tiene la más baja, con 4.3.

En México esto se confirma con los datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). El promedio de hijos nacidos vivos entre los grupos de edad de 12 a 19 años ha sido el más alto en las últimas décadas. El promedio nacional se estima en 5.8%, y en estados como Chihuahua y Baja California Sur rebasa los ocho puntos porcentuales.

Sin embargo, durante los últimos diez años todos los estados del país han registrado un aumento de madres menos de 20 años.

Son muchos los factores que puedo mencionar, pero los principales, como lo indica el Reporte en un principio, son las condiciones de pobreza extrema, los niveles más bajos de educación y la vida en las zonas rurales, pero hay que agregar la aceptación del matrimonio infantil por parte de las comunidades y las familias, así como lo pocos esfuerzos de mantener a las niñas en las escuelas.

En el Estado de Veracruz, se han hecho esfuerzos importantes, tanto por parte del DIF estatal, como por parte de autoridades educativas.

Por parte del DIF estatal con el programa de Madrinas Obstétricas en zonas rurales (para evitar muertes) y por parte del Cobaev en todo el estado se han hecho esfuerzos importantes en llevar a los jóvenes información a través de conferencias, en las cuales se les informa sobre varios aspectos de su desarrollo y por qué no es conveniente que tengan relaciones a tan corta edad, o se les insta a que lo hagan de manera responsable y tengan un plan de vida.

Algunos aspectos que se les manejan son que su desarrollo físico está en proceso. Otro aspecto es hacerlos reflexionar sobre sus prácticas, sobre la posibilidad de que éstas conlleven riesgos, si no toman las medidas de precaución oportunas, y también de que estos riesgos puedan afectar a terceras personas.

Informar sobre la sexualidad no induce a los jóvenes a la práctica sexual, como está reconocido por la propia Organización Mundial de la Salud. La educación sexual no fomenta la precocidad de las relaciones ni la promiscuidad, sino que potencia la reflexión y el análisis anticipado, lo que evita el predominio de la acción irreflexiva sobre el pensamiento lógico.

Las medidas preventivas son importantes, pero muchas veces ni los propios padres de familia las conocen.

No existe un método perfecto, pero sí existen muchos lo suficientemente seguros como para que se pueda confiar en ellos. Todos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. La elección del más adecuado dependerá de las necesidades y del tipo de actividad que tengan el muchacho o la muchacha.

Pero lo más importante y lo fundamental, es la comunicación que se debe tener con los hijos en esta etapa, la orientación que los padres puedan brindar de manera objetiva y precisa. Si no se logra esto, es conveniente buscar ayuda profesional.

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