“En El Universal, el periodista Ciro Gómez Leyva, escribe: “creo que lo esencial de la nota [de Proceso] sobre [Miguel Ángel] Osorio Chong es que junto con las propiedades de la familia Peña Nieto-Rivera, el Secretario Luis Videgaray, el subsecretario Luis Miranda, están marcando el ocaso de una época en la política mexicana. De una cultura sintetizada en la afrentosa frase “un político pobre es un pobre político” […], la ostentación de la opulencia no sólo ha dejado de pagar: cuesta cada vez más caro. No entro a la discusión de la legalidad de las operaciones inmobiliarias, sino al hecho de que en el país de hoy la riqueza de los funcionarios está quedando inexorablemente ligada con un patrimonio mal habido que se debe repudiar y sancionar. La riqueza de un hombre público ya no es sinónimo de éxito o talento, sino de corrupción […]. El Presidente Peña Nieto vuelve a estar ante una oportunidad extraordinaria para perfilar una nueva etapa. Él, el reformador. Puede hacer como que nada está pasando y acaso asistimos a una temporada de exageraciones de mala leche. O puede asumir aquello que John Kennedy Toole escribió hace medio siglo y suena escandalosamente contemporáneo: la posesión de algo caro sólo refleja la falta de geometría de una persona. Modelos a seguir hay. El de Cuauhtémoc Cárdenas, por ejemplo”. (sinembargo.com).