Durante el gobierno de Miguel Aleman Velasco (1998-2004) en materia de seguridad pública se implementaron múltiples programas relativos a la prevención del delito, surgidos de la concepción de que era necesaria la participación ciudadana en el combate a la delincuencia. El diagnóstico estaba claro: el alcoholismo, el pandillerismo, la drogadicción y la desintegración familiar  eran el caldo de cultivo que debía atacarse mediante la interacción entre autoridades y la sociedad, desafortunadamente, concluido el periodo de Alemán no se prosiguió el esfuerzo. Ahora, el Secretario de Gobierno, Gerardo Buganza retoma ese discurso al señalar que “se debe contar con mejores herramientas de prevención del delito que permita desarrollar más mecanismos eficaces de seguridad pública… Con corporaciones de seguridad y profesionales que la respalden y que nunca actúen al margen de la ley, para que jamás la corrupción entre el crimen y la autoridad vuelva a lastimar a las familias mexicanas, redoblemos esfuerzos para lograr un México en paz”, lamentablemente es sólo un discurso.