1 Duarte
Por Alfredo Bielma Villanueva
Columna Camaleón

En el transcurso de la administración pública que encabeza en Veracruz Javier Duarte de Ochoa se han llevado a cabo más de 80 relevos e intercambio de posiciones burocráticas. Son muchos si se considera que se produjeron en sólo 4 años y cuatro meses del quinto de 6 episodios. Al menos en  apariencia, ese no es un buen record, aunque para obtener una  mejor perspectiva de lo que ha venido ocurriendo, debemos partir de un balance de resultados a través del método comparativo, considerando lo que se  ofreció en la propuesta electoral de 2010 y lo hasta ahora conseguido, para a continuación pasar a escudriñar el perfil promedio correspondiente a quienes fueron reclutados en el inicio y ya se fueron y de quienes acaban de llegar, que por cierto no son muchos, pues en el mecanismo de los relevos ha prevalecido el método del reciclaje, en base a un reclutamiento cuya fuente principal guarda las proporciones de una pequeña capilla.

Ya habrá oportunidad de hacer un balance detallado entre los ofrecimientos de campaña y lo que finalmente se ha venido haciendo, esto último, porque no debemos soslayar que a la actual administración le quedan todavía 19 meses del periodo constitucional para el que fue electo el titular del ejecutivo y en los términos de una lógica formal, hay tiempo suficiente para agregar nueva infraestructura urbana y rural, así como para conseguir algunos resultados en programas de desarrollo social y de desarrollo agropecuario, industrial y comercial. Luego entonces, en este apartado debemos limitarnos a lo existente de 2011 a la fecha.

¿Qué se ha hecho en materia de infraestructura rural y urbana, en carreteras y caminos vecinales? Realmente no hay mucho de qué hablar sobre este ramo; queda en la percepción ciudadana la nostalgia de aquel primero de diciembre de 2010, cuando apenas una hora después de terminada la ceremonia de toma de posesión, el nuevo mandatario se trasladó a Tuxpan para, en simbólica ceremonia, que traducía las intenciones constructoras del flamante gobierno, colocar la primera piedra de la autopista Tuxpan-Tampico. Un inicio espectacular, sin duda, que promovía el renacimiento de una esperanza marchitada por los versátiles subterfugios del anterior gobierno. Sin embargo, transcurridos dos años, aquello permanecía en los términos de diciembre de 2010, y en 2012 el candidato priista a la presidencia de la república, Enrique Peña Nieto, agregó la proyectada autopista a su roll de compromisos de campaña, aliviando a la administración veracruzana de ese cumplimiento nonato.

En la euforia de los inicios, también se anunció la muy inmediata conclusión de la Torre Pediátrica en la ciudad de Veracruz, pero en 2013 seguía inconclusa y se anunció que se equiparía lo hasta ahí construido para poner a funcionar ese nosocomio tan importante; dos años más tarde, ni esto último se ha concretado.

Si de proyectos multianuales y hasta transexenales se habla, tendremos que referirnos al afamado Túnel Sumergido de Coatzacoalcos, cuya construcción dejó proyectada el gobierno de Miguel Alemán, la inició Fidel Herrera y hasta abril de 2015 aún permanece inconcluso. Este asunto se ha agravado por la demanda que interpuso la empresa constructora (Cotuco) contra el gobierno del estado, de cuyo proceso poco se sabe. De cualquier manera, las incidencias en torno de este túnel y su costo tan irregularmente elevado lo ubican entre lo que jamás debió haber ocurrido en una mezcla de corrupción y desidia (la ampliación del canal de Panamá se contrató en 2007 y la inaugurarán este año).

El lunes cuatro de febrero de 2013, fue considerado como “un día histórico” y un “parteaguas” al anunciarse la construcción de la autopista Córdoba-Xalapa, un tramo de 51 kilómetros que viene de Cuitláhuac a Tamarindo. “Tendremos una carretera que nos acerca más a Xalapa, esta nueva vía de comunicación representa mayores inversiones para la zona, menor costo en el transporte, en la producción y representa un mayor movimiento turístico para Córdoba”, decía eufórico el alcalde de Córdoba, Francisco Portilla Bonilla.

“Raúl Zarrabal, Secretario de Comunicaciones del Gobierno del Estado, presentó el proyecto de construcción del puente de la Prosperidad, “que tiene una longitud de 213 metros; 18 metros de ancho y cuatro carriles, siendo un puente atirantado en arpa… se asumió la publicación de la licitación correspondiente pero nada se ha concretado transcurrido el tiempo. Quedó, como misteriosa alegoría incrustada en la soledad de una pampa de granito, la mampara que anunciaba: “INICIO DE LOS TRABAJOS- Kilómetro: 0+620, autopista tipo A2- Tramo: Tamarindo-Cuitláhuac.- Puente: de La Prosperidad– 71 kilómetros.”

Razones de espacio impiden un recuento más amplio en este ramo, pero basta lo aquí expuesto como testimonio de una “verdad histórica” irrebatible.

En cuanto a los relevos de servidores públicos en el equipo del actual gobierno, es posible asentar que, por su dinamismo y diversidad, los cambios en el equipo de colaboradores, más que positivos resultan desequilibrantes, y es evidente que la conformación actual difiere en extremo de la original de 2010 en atención al perfil de los relevos.

Tal diferencia pudiera deberse a que la fuente de los últimos reclutamientos ya no fue el de una capillita, sino obligados por las severas circunstancias que mantienen en jaque al gobierno duartista: la herencia de un desbarajuste financiero no resuelto en cuatro años, el problema económico por la baja en los precios del petróleo en el contexto nacional, la renta por el servicio de la enorme deuda pública y, en contraste, la imposibilidad de recibir mayores ingresos debido a que el 80 % del impuesto sobre la tenencia de automóviles ya está gravado, al igual que la drástica reducción en las participaciones federales sujetas a los términos de una bursatilización diseñada e implementada para obtener “recurso fresco” para supuestas obras anticipadas nunca vistas.

El reclutamiento por cooptación es otro de los detalles, es decir, la colocación en puestos públicos de actores políticos provenientes de filas opositoras o de fracciones al interior de la clase política del partido en el gobierno, ya para bajarle los decibeles a su crítica, ya para mantenerlos “cerca” al grupo en el gobierno y “bajo control”.

Pero tal estrategia no acredita lealtad ni compromiso hacia el titular del ejecutivo, ya que cada cual jalará para sus respectivos intereses de grupo o personales. Esto último destaca la importancia de un reclutamiento ponderado en el que se contemplan capacidades y compromisos de los convocados hacia un proyecto, un requisito que difícilmente podría ser cubierto por colaboradores seleccionados al calor de las circunstancias que, cual electrones y protones del átomo, mantienen su muy particular dinamismo.

Quinto año de gobierno con pocas expectativas porque no hay dinero y, peor aún, un sexto episodio que coincide con un presupuesto federal de ronda cero, en el que ya no habrá recursos petroleros que repartir a los estados. El escenario es pesimista, ojalá hubiera otro, con gusto lo cambiaríamos.

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19-abril