Martín Quitano Martínez
29 de abril de 2015

“Hemos perdido el amor por las palabras”.

Laura Emilia Pacheco

Poeta y Periodista

Leer es una dicha, es una búsqueda por aprender, por saber e imaginar, es el reto siempre bienvenido por conocer historias diferentes, lugares distintos, nuevas formas de pensar y de sentir, pero significando tanto para los que disfrutan la lectura, es sin embargo una actividad o ejercicio que dista de ser fácilmente comprensible para muchos, siendo en ocasiones visto como un lastre, un problema, un engorro o simplemente un acto aburrido por la falta de calistenia.

La lectura siempre supondrá la alerta mental y emocional para dilucidar, es un ejercicio trascendente, que anima la existencia de quien lo realiza, porque buena parte del conocimiento de toda índole se manifiesta a través de la lectura, ejerciendo a placer esa humana forma de apropiarse de los tiempos, las ideas, los pensamientos y las experiencias que trascienden y hacen trascender la inteligencia humana que debate sobre percepciones de vida, sobre ciencia, experiencia y hechos cotidianos.

El mundo al alcance a través de la lectura, el recreo de la imaginación, el aprendizaje, la formación humana, la capacidad de la discusión, el establecimiento de mejores sociedades, todo y mucho más está imbuido por el placer de leer.

No obstante lo anterior, en nuestro país privan condiciones muy desfavorables al respecto; la aridez nacional en la lectura es muy alta, las circunstancias concretas existentes muestran la complejidad que alcanza el tema en nuestro país. Eso nos dicen encuestas como la de Fomento a la Lectura A.C., que menciona las condiciones en las que nos encontramos y perfilan el porqué de ellas, ya que al 65% de los mexicanos entre 12 y 66 años no les gusta leer.

Es fácil observar que las actividades escolares generan aversión a la lectura, pues como bien dice Benito Taibo, leer por obligación es un antídoto contra la lectura, y es a ese punto donde han llevado muchos ejercicios escolares. La construcción de nuestro bajo nivel de lectura no es casual, es la muestra del abandono y la poca importancia real otorgada a la educación, de la existencia de un ejercicio público despreocupado de la formación de su sociedad, de un ejercicio público que no tiene amor por las palabras.

“La Casa del Libro México” menciona que en nuestro país alrededor de 25 millones de personas nunca han abierto un libro y sólo 4 de cada 10 ha pisado una librería en su vida. También que existen 7,388 bibliotecas en el país, lo que promediaría alrededor de 14 mil habitantes por cada punto de acceso a la lectura, de los cuales el 30% se encuentran en el Distrito Federal, y que en México existen 1,200 lugares donde se venden libros de los cuales 600 son librerías y el resto tiendas o papelerías donde también se venden libros.

México es muchos “Méxicos”, y en las posibilidades para leer se denotan las diferencias existentes, evidenciando que las capacidades económicas marcan determinantemente la oportunidad de ser un mejor país de lectores. A ello hay que agregar que según datos del INEA, de los 77.2 millones de mexicanos en edad de trabajar, el 7.6%, es decir 5.8 millones de mexicanos son analfabetas; el 12.9% lo que significan 9.9 millones de compatriotas desertaron de la primaria y el 22.7% que se traduce en 17.5 millones de individuos no han concluido la secundaria.

Los datos son duros pero pueden ser considerados aún peores cuando se observa que las políticas públicas que estimulen y fomenten la lectura a todos los niveles o no existen o son poco exitosas.

En esos muchos Méxicos de contraste, existe el que lee mucho y de todo pero que se ubica principalmente en las áreas metropolitanas, donde el promedio anual de lectura es de 5.5 libros, mientras que el promedio de lectura a nivel nacional es de tan sólo 2.9 libros per cápita, según la encuesta de “La Casa del Libro México”.

Es de resaltarse que esta encuesta menciona que han encontrado que desde las instituciones poco o nada se ha hecho para medir los comportamientos lectores de nuestra sociedad, para saber acerca de la calidad de las lecturas realizadas, donde queda expuesto de manera clara el abandono institucional para con el tema.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Hay que ver con preocupación el huracán que azota Coatepec, lleno de dudas y hechos que lo explican.

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