Por Carlos A. Luna Escudero

No acabo de acostumbrarme a las deyecciones de los políticos en estos tiempos electorales. Por un lado, vemos a los candidatos oficiales y de algunos otros partidos, supuestamente de oposición, que se presentan como blancas palomas, como seres sin mancha, impolutos. Incluso, circula un spot diseñado por algún “genio” del marketing rojo, donde se muestra que esos candidatos de negra conducta, se reúnen muy serios a analizar los problemas y las necesidades de los veracruzanos.

¿Pensarán estos entes que el pueblo veracruzano no tiene memoria? ¿Que todo se olvida con una despensa, unas láminas, un piso o cualquier chuchería de las que acostumbran regalar en estos tiempos? ¿Que nadie tiene presente lo que han hecho o dejado de hacer durante sus encargos como funcionarios o representantes, no populares, sino de la fidelidad o de la prosperidad? ¿Qué nadie recuerda las historias de latrocinio, impunidad, cinismo, frivolidad y saqueo de recursos públicos que han protagonizado?

Por otro lado, se ve a los textoservidores en su apogeo, en todo su esplendor, si hubiera esplendor en lo ominoso. Esos señores periodistas se ven bien aceitados y lubricados, con plata o con promesas de futuras canonjías, que inventan cualidades al más ramplón, al más mediocre, al más ladrón y al más hampón.

Vemos con asombro cómo aquellos que acostumbran escribir con jocosidad, de repente se convierten en fieles adherentes de alguna candidata o algún candidato impresentable. Y casos en que los supuestos columnistas críticos y objetivos, de esos que escriben con la izquierda pero cobran con la derecha, de repente intentan justificar actos bochornosos y matizar el desaseo de funcionarios públicos que acuden con impunidad a actos de campaña en horas laborales.

Incluso, se llega a ver a una que otra de esas plumas que se sienten las vacas sagradas del periodismo, malabareando con el futuro de algunos políticos, golpeando en los medios a los rivales de sus protectores, o a quien no se puso a mano con ellos para que los vieran con simpatía.

El dinero, la chamba, la influencia, la recomendación, los favores, la beca, todo lo pueden en un estado como el nuestro, que se debate entre la inseguridad, la recesión económica, la ingobernabilidad y la impunidad.

Mucha responsabilidad tenemos los veracruzanos por este estado de cosas.

La apatía, la necesidad, el valemadrismo de muchos de nosotros ha generado que lleguemos a donde estamos. Somos responsables por nuestra inmovilidad, o egoísmo, de que lo peor se haya enquistado en los tres órdenes de gobierno; de tener encima a seres despreciables, delincuentes de cuello blanco, que han venido a saquear los recursos públicos y a hundir a Veracruz en la época más negra de su historia.

En aras de mejorar las cosas, tenemos que actuar y votar el próximo 7 de junio. No podemos ni debemos faltar a nuestro deber cívico. El cambio será posible en la medida en que asumamos nuestras responsabilidades sociales y nos decidamos a modificar el rumbo.

El cambio es posible si los ciudadanos dejamos de ser espectadores y nos convertimos en actores de la vida pública.