Por Aurelio Contreras Moreno
30 de abril de 2015

En octubre 1999, una depresión tropical asociada al paso de un frente polar, produjo uno de los mayores desastres naturales de que se tenga memoria en Veracruz. El norte y el sur del estado quedaron literalmente bajo el agua, dejando un saldo de 200 mil damnificados, 12 mil viviendas averiadas, 20 cortes carreteros y 200 muertos, según las cifras oficiales finales que reporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Fue por ese motivo que el entonces gobernador Miguel Alemán Velasco decidió darle un fuerte impulso al fortalecimiento del Sistema Estatal de Protección Civil, ya que el tema adquirió la mayor relevancia para el gobierno, que le destinó recursos financieros y humanos como nunca antes en la historia de la entidad. Hasta un año de la Protección Civil se decretó.

Para cuando inició el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, el Sistema Estatal de Protección Civil funcionaba en niveles más que aceptables de previsión y capacidad de respuesta. Tanto así, que a pesar de que hubo múltiples fenómenos meteorológicos que azotaron la entidad en ese sexenio, las pérdidas de vidas humanas fueron mínimas. En 2005, por ejemplo, hubo 1.5 millones de damnificados, 130 mil viviendas dañadas y 170 cortes carreteros, pero no hubo personas muertas por las lluvias.

El problema fue que ese gobernador se dio cuenta de lo redituable que eran los desastres naturales, pues cada declaratoria venía acompañada de una cuantiosa suma de dinero que enviaba la Federación para atender a los damnificados y reparar los daños, recursos que, como luego se les haría costumbre con todo tipo de fondos, llegaban debidamente “rasurados”, o más bien “trasquilados”, a su verdadero destino.

A pesar de eso, hasta el final de la administración de Herrera Beltrán el Sistema Estatal de Protección Civil, que en ese sexenio obtuvo el rango de Secretaría, funcionó bien y ayudó a salvar vidas. Hasta le sirvió al gobernador para lucirse mediáticamente y aparentar una atención personal sin límites a la población afectada. Típico de él.

Ya en el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, la Protección Civil comenzó a adquirir tintes caricaturescos. Ante cualquier amenaza de lluvia, la “estrategia” gubernamental fue declarar suspensiones de clases en todos los niveles de gobierno, sin ton ni son y sin que fuera realmente necesario en todas las regiones de la entidad. Se hizo común y recurrente el chiste de que cada que el gobernador suspendía clases, ese día salía el sol.

Pero lo que sí se hizo fue utilizar a la Secretaría de Protección Civil como trampolín político. Su titular hasta hace unos meses, Noemí Guzmán Lagunes, se dedicó a usar los insumos de la dependencia para promover su imagen repartiendo láminas y otros enseres a quienes resultaban afectados por lluvias, deslaves, suradas y otras contingencias. Ahora, es candidata a diputada federal del PRI por el distrito de Coatepec, con amplias posibilidades…de perder.

En cambio, la capacidad de respuesta y atención languideció, al punto que se les volvió inmanejable el trato con la población afectada, pues ante los reclamos de falta de atención gubernamental, las autoridades enfurecían.

El relevo de Noemí Guzmán en la Secretaría de Protección Civil, Yolanda Gutiérrez Carlín, quien cambió el periodismo por la política, ha demostrado no tener capacidad para el cargo. Apenas lo asumió, siete personas perdieron la vida por las fuertes lluvias en el municipio de Atzalan. Pero eso sí, se fue a Japón con una comitiva integrada hasta por “periodistas” para recibir un premio.

La fuerte tromba que cayó en Xalapa el martes pasado, de milagro no causó la pérdida de alguna vida humana. Pero sí desnudó cómo el Sistema Estatal de Protección Civil, que coordina a los de todos los municipios de Veracruz, está rebasado, inoperante y sin dirección.

¿Qué harán si vuelve a haber una contingencia meteorológica como la de 1999?

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