Por Sergio González Levet
22 de abril de 2015

El voto se anhela, el voto se persigue, el voto se encarece ahora que estamos en época plena de campañas y cuando en el horizonte cercano de 46 días se asoma ya la jornada electoral para sustituir a 500 diputados (300 de mayoría simple, uninominales, y 200 por el principio de representación proporcional, o sea plurinominales).

Y como tal, el voto campante (o contante y sonante) se placea en los recovecos de la sociedad y se dispone a ser el gran protagonista, el rey por un día el próximo 7 de junio, en donde será peleado con todas las de la ley -y con muchas hasta sin ley- por los candidatos y sus equipos y sus partidos y sus jefes y sus padrinos.

Vale la pena indagar, pues, sobre la composición orgánica del sufragio, ahora que aún tiene vida, porque el día después, ante el recuerdo de tantas promesas incumplibles, será olvidado, vilipendiado, repudiado por los que lograron conquistarlo, como ha sucedido casi siempre.

Debo reconocer que en ese sentido, el trabajo ya casi está hecho, y se lo debemos a uno de nuestros más importantes estudiosos de todo lo que tiene que ver con el ámbito electoral, el doctor Jacobo Domínguez Gudini, inminente ex consejero del Instituto Electoral Veracruzano, quien considera que su ciclo en el IEV ha concluido y se apresta a adentrarse aún más en el terreno académico, en el que es reconocido por todo el mundo y en todo el mundo.

En pos del voto se hacen campañas que se deben mantener en los límites de la legalidad, pero también han persistido en nuestra democracia aún en pañales muchas prácticas francamente ilegales; prácticas que desbroza nuestro especialista en el texto que ha incluido en el magnífico libro Delitos electorales, Una aproximación al Derecho Electoral Mexicano y Español (coedición de este año signada por la Universidad de Granada y la Universidad de Xalapa, en un libro multiautoral que coordinaron el propio Domínguez Gudini y el eminente politólogo español Lorenzo Mirillas Cueva). Tomo de ahí las siguientes descripciones, no sin antes agradecer a don Jacobo que haya hecho un trabajo tan acucioso:

Acarreo. Es la transportación a la casilla de grupos de ciudadanos, a efecto de que emitan su sufragio en favor de algún candidato.

Actas ilegibles. Se presentan en casillas ubicadas en zonas donde los resultados son tradicionalmente desfavorables a determinado partido político e implican la formulación incomprensible de las actas de escrutinio y otra papelería electoral. El primer efecto que causan es inutilizar el cómputo para la integración del Programa de Resultados Electorales Preliminares.

Alquimia electoral. Como los aspirantes a químicos de la antigüedad, la alquimia electorera supone la transformación de resultados adversos en favorables, es decir, la falsificación de las actas de escrutinio y cómputo en favor y/o en contra de algún candidato.

Anulación de voto o marcación de voto en blanco. La primera supone invalidar un sufragio al marcar adicionalmente en la planilla el espacio de otro candidato, lo que en la legislación mexicana lo anula para su escrutinio. Y la segunda es la marcación en favor de algún candidato de las boletas que fueron depositadas en blanco.

Mañana seguimos con esta lista gudinesca.

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