Por Sergio González Levet
25 de abril de 2015

Agradezco a la paciente lectora y al impávido lector que hayan tenido los arrestos y la voluntad de seguir esta serie de tres entregas dedicadas a dilucidar lo más granado de la mapachería electoral. Me permito esa afirmación, aparentemente inmodesta, porque el contenido de esta larga relación de las trampas electorales más usadas en México y copiadas para nuestro mal en algunos otros países, se la debemos al diligente trabajo de uno de los dos más capaces e inteligentes estudiosos de la ciencia política que ha dado o dará Xalapa: el doctor Jacobo Domínguez Gudini, a quien le agradezco públicamente su dedicación y su capacidad.

Ratón loco. También basado su nombre en un juego de feria. Se aplica para obstaculizar el voto en casillas proclives al voto por candidatos contrarios al operador de algún candidato. Se logra inscribiendo el nombre del elector en una casilla distinta a la que le corresponde, a fin de que desista de votar.

Resurrección de los muertos. Esta maña la permiten los padrones no actualizados, de modo que se otorgan fraudulentamente votos de ciudadanos fallecidos, en favor de un candidato.

Robo de urnas. Es una de las prácticas más añejas y la sufrió el mismo José Vasconcelos en su campaña a la presidencia. Al robar urnas, la casilla queda inhabilitada y los votos favorables en favor del candidato opositor se anulan.

Robo hormiga. Consiste en alterar levemente el resultado de las casillas en favor del candidato, lo que en el cómputo final contribuirá a su triunfo.

Sustitución de funcionarios de casilla. La legislación prevé que si no se presentan los funcionarios de casilla ocuparán su lugar los electores que estén en los primeros lugares de la fila. En sí no es un acto ilegal, pero prepara para la comisión de otros.

Tacos de votos. A escondidas, el operador o un funcionario de casilla introduce en la urna boletas enrolladas, cruzadas a favor de un candidato.

Tianguis de votos. Operadores operan en los días previos y durante la jornada electoral compras masivas de votos a cambio de apoyos económicos o en especie.

Tianguis de credenciales. Se ofrece a electores que votan por candidatos opositores la compra temporal de su credencial, que le es devuelta al terminar la jornada electoral, con el fin de que no acudan a sufragar.

Tinta deleble. Uno de los candados para impedir que un ciudadano vote dos o más veces es la tinta indeleble que se pone en el pulgar de la mano derecha, Con la complicidad de los funcionarios de casilla, esta tinta es sustituida por un frasco con tinta que se puede borrar.

Terrorismo electoral. Se aplica en lugares con conflictos graves de seguridad pública. Se genera una psicosis para evitar la asistencia de electores a emitir su sufragio. Con esto aumenta para el resultado la importancia del electorado movilizado por un partido, cuyo voto se considera cautivo.

Urnas embarazadas. Antes del inicio de la jornada electoral, se introducen en las urnas boletas a favor de un determinado candidato. Esta práctica obligó a que las urnas ahora sean transparentes, para que los electores puedan estar seguros de que están vacías antes de que empiece la jornada,

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