Por Armando Ortiz
28 de abril de 2015

Un homenaje para un gobierno estatal debe ser la cosa más sencilla del mundo. Sólo hay que ponerse de acuerdo con los familiares del homenajeado, pedir a los encargados de logística que busquen un buen orador, una explanada, muchas flores y que se manden boletines de prensa e invitaciones. El día del homenaje hay que procurar estar muy temprano, bien bañadito, dejar que el orador hable sobre la trayectoria del homenajeado y entonces al gobernador corresponde el toque anecdótico y emotivo. Al final basta con hacer una guardia de honor y dejar que el resto lo hagan los demás; después sólo resta partir a Casa Veracruz y olvidarse del asunto.

Ven, no es cosa difícil hacer un homenaje. Pero rendir un homenaje a un hombre, al legado de un hombre como Guillermo Héctor Zúñiga Martínez, eso no es tan fácil.

Una vez pasadas las exequias y mientras todavía se guarda luto por la muerte del profesor Guillermo Zúñiga Martínez, hombre entregado al servicio público y a la educación, corresponde al gobierno del estado decidir quién habrá de reemplazarlo en la rectoría de la UPAV. En estos pocos días ya se han soltado varios rumores, algunos verdaderamente terribles, como decir que Víctor Arredondo, obcecado enemigo de la UPAV, quien quiso desaparecerla desde un principio, ya anda cabildeando con el gobernador para hacerse de la rectoría. Uno piensa: “Pero el gobernador sabe eso”. Uno duda: “Pero no sería la primera incongruencia que comete el señor gobernador”. Por supuesto Guillermo Zúñiga es irremplazable. Sin embargo sí se requiere de una persona para la rectoría de nuestra universidad.

Lo que cualquier aspirante debe tener bien claro sobre la Universidad Popular Autónoma de Veracruz son dos cosas:

  1. Que la UPAV, por obvio que parezca, es popular, es decir, el que llegue debe entender que no va a llegar solamente a sentarse y a dar órdenes. Guillermo Zúñiga, a pesar de haber pasado por una operación grave, todavía en el último año recorrió todo el estado de Veracruz, de pueblo en pueblo, de sede en sede, para mostrar a los asesores solidarios y a los alumnos que la UPAV es del pueblo y para el pueblo.
  2. Que la UPAV es autónoma. No se puede colocar a cualquier “buscachambas” en el puesto de la rectoría sólo para poner a la UPAV a la disposición del estado. Un incondicional de cualquier funcionario público, de cualquier ex rector, de cualquiera, pondría a la institución a los pies del que lo puso; eso es lo que pasa en el IVEC, eso es lo que podría estar pasando en la misma UV.

Como vemos, hacer un homenaje es la cosa más sencilla del mundo, pero rendir homenaje al legado de un gran hombre requiere de sensibilidad. Sólo nos queda confiar en la inteligencia del secretario de Educación, Flavino Ríos Alvarado. El discurso que pronunciara el día del homenaje nos da esperanzas de que sus palabras hayan salido de su entendimiento, de su empatía.

El mismo es un hombre que ha dejado un legado en la política, en su empatía debe saber que colocar en la rectoría de la UPAV al hombre equivocado significaría un agravio para Guillermo Zúñiga, un agravio para quienes creímos en su proyecto, pero sobre todo un agravio para la educación, para el pueblo que vería en riesgo la oportunidad de recibir educación en cualquier rincón del estado.

Si se toma la decisión equivocada todos veríamos que el sueño de un gran hombre ha sido derrumbado por la insomne incompetencia de otros.

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