En el más reciente pasado, la elección federal de 2012, las encuestas fueron utilizadas como un instrumento de propaganda para orientar el voto ciudadano, ¿quién no recuerda aquella consulta de opinión hecha pública por las empresas Parametría, Mitofsky, Buendía y Laredo y Gea situando a Peña Nieto 15, 16, 17 y 19 puntos, respectivamente, arriba de López Obrador y la realidad sólo apuntó 6 puntos de diferencia? No se equivocaron, o lo hicieron a propósito, porque sus motivaciones eran propagandísticas para beneficiar al candidato priista. Con estos antecedentes el INE ha tomado medidas precautorias para que no vuelva a ocurrir al considerar a las casas encuestadoras como sujetos obligados a la transparencia y habrá criterios homologados a nivel nacional  sobre el método y la publicación de las encuestas; ya podremos saber quién solicita la encuesta, quién la paga y su costo. De esta manera la ciudadanía podrá contar con una auténtica herramienta de información para orientar su voto.