Recorrer los pasillos de un hospital hace una experiencia con sabor amargo porque no es fácil recuperar la salud perdida, la propia o la de un ser querido. La pena se agrava por el mal estado de las instalaciones, la falta de medicina y de equipo médico en buenas condiciones. Al final todo deriva en irritación, que se acentúa al conocer las desviaciones multimillonarias en un sector donde priva la penuria; cientos de millones de pesos han sido desviados y no hay poder instituido que imponga orden; se sabe de medicinas de dudosa calidad y nada se investiga; se detectan decenas de gente en nómina sin trabajar y nada se denuncia contra quien allí los puso, la autoridad lo sabe, ordenó incluso el cese de los “aviadores” pero ¿qué se hizo? Nada, absolutamente nada, sólo borrón y cuenta nueva. Si alguien preguntara por las causas de la irritación social, estas son sólo algunas.