Por Martín Quitano Martínez
15 de abril de 2015

Probablemente en su pueblo se les recordará como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad, aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.   Entre esos tipos y yo hay algo personal..

 

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados

a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato.

 

Joan Manuel Serrat

 

La simulación es un ejercicio cotidiano en el que se regodea una mayoría de la clase política, empresarial y de funcionarios públicos en nuestro país, todo o nada ocurre dependiendo de las circunstancias o hechos que quieran vender. En este marco hacen uso de sus facultades histriónicas, de poses y discursos que -según ellos-, solventan las contradicciones de sus quehaceres, de sus cuestionables actos.

La capacidad de simular de nuestra clase política pareciera no tener parangón, convirtiendo a la mentira en una aspiración artística, apostando que engañar a los ciudadanos es la mejor manera de transitar su carrera política. Pero eso no es todo, porque si no logran convencer con su capacidad histriónica, siempre queda la posibilidad de hacer uso del cinismo para salir delante de los aprietos de su pésima actuación.

El binomio simulación – cinismo se ha convertido en el manual de procedimientos de nuestra clase política; prometer sin cumplir para obtener el voto y en la próxima elección presentarse sin escrúpulos ante los mismos votantes, volviendo a prometer para incumplir una vez más. Arropados en su desvergüenza, piensan que todo les está permitido.

En este proceso electoral todas las impudicias parecen estar permitidas; los ejemplos son evidentes por ser tantos y tan de siempre.

Muchos de los simuladores cínicos ya han actuado en diferentes y variados encargos en los que se han “sacrificado” por sus conciudadanos, por ejemplo, la actual candidata del indecente partido Verde “aliado” con el PRI del que ella ha sido digna representante, como calificaríamos la sonrisa de Carolina Gudiño, su palabrería para ser diputada federal, sino como un claro ejemplo de desfachatez cuando ha abandonado su curul dos veces para saltar a otro lugar, con el único merecimiento de sus relaciones con el poder, incluido su nombramiento como presidente municipal de Veracruz.

O sobre los casos de Elizabeth Morales o Adolfo Mota, de los carballos o Lagos, de los cisnes, de muchos candidatos de todos los colores que más allá de la propuesta, o sobre las ideas que perfilan para su quehacer, solo se refritean personajes y discursos fáciles de lugares comunes, de ideas huecas, donde muestran su ignorancia, la simulación y el cinismo de proponer lo mismo que debieron haber atendido en su anterior encargo y que sigue pendiente, olvidando la firma de compromisos ante notario público, o las críticas a las banalidades y excesos de sus ejercicios públicos previos.

Pese a todo y su fama pública, la mayoría de los candidatos pasean sin recato sus simulaciones, su cinismo, total las franquicias políticas llamadas partidos son la gran carpa del circo donde payasean, donde se contorsionan y maniobran, aunque dentro del circo también hay diferencias, con puestas en escena de distinta calidad, aludiendo a la más descompuesta por nauseabunda opción partidaria, el partido verde. La manifestación más vigente de la suciedad de un sistema partidario que protege y fomenta los intereses personales que goza con la violación de las reglas y leyes, que se ufana de sus actos impunes, que como comparsa maloliente de su socio tricolor daña la confianza pública, pervirtiendo la cada vez más alicaída vida democrática nacional.

Los momentos electorales de muy bajo y descompuesto perfil, nadando entre los groseros despilfarros, entre los manejos truculentos, con su violencia paralela aspirando al goce del pinche poder.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

El estiaje siempre preocupará, ¿pero y si mejor nos preocupamos y nos ocupamos por nuestras fábricas de agua?

 

 

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