Por Armando Ortiz
08 de abril de 2015

En una entrevista con el alcalde de Xalapa, quien me explicaba las razones del ayuntamiento para suprimir el espacio en el que se estacionaban los autos sobre la calle de Lucio, abajo del Súper Chedraui, me decía que había que devolver la ciudad a los peatones; señalaba que los usuarios de vehículos se habían apropiado de las calles para hacerlas sus estacionamientos. En ese momento de la entrevista pensé que el alcalde tenía razón, desde mi perspectiva de peatón, claro que tiene razón. Sin embargo, apenas regresando de vacaciones y ante el dilema de estacionar mi auto para dirigirme a la oficina, fue entonces que pensé que el alcalde ya no tenía toda la razón.

Desde hace algunos meses los espacios en los que se permitía, o al menos se toleraba que los autos de las personas que trabajan en el centro de la ciudad se estacionaran, han sido suprimidos. Se han colocado letreros de no estacionarse en esos espacios en los que durante mucho tiempo se podía uno estacionar. Las grúas de manera indiscriminada hacen sus recorridos por el centro de la ciudad y se llevan no uno, sino hasta dos autos al mismo tiempo al corralón donde el dueño del vehículo debe pagar costos de arrastre que están enriqueciendo a los “verdaderos” dueños de las concesiones, que se dice pertenecen a la misma gente del gobierno.

Entiendo que el propósito de quitar de la vía pública los autos es porque se encuentran mal estacionados y por ello causan problemas de tráfico en la ciudad. Un auto que estorba en un retorno provoca que los vehículos que van a dar vuelta en ese retorno hagan una, dos o hasta tres maniobras que obliguen a los demás autos a esperar y con esto generan congestión vehicular. Lo entiendo, eso no se debe tolerar; pero se tolera. Nada más hay que ver el caos que provoca un auto mal estacionado en la calle de Pípila, antes de llegar al puente que conecta esa calle con el fraccionamiento Jardines de Xalapa. Los conductores se bajan a comprar esquites en un negocio que está justo en el retorno, dejan sus autos mal estacionados y los que por ahí transitan deben maniobrar hasta con tres movimientos para librar al auto mal estacionado. Pero ahí nadie hace nada.

No obstante algunos autos quedan bien estacionados en calles que tienen suficiente espacio; rúas de un sentido en donde el flujo de autos es reducido, donde no hay problema de congestión vehicular, y sin embargo hasta allá llegan las grúas para llevarse el auto y con ello contribuir al enriquecimiento de los concesionarios del arrastre. Para colmo ya también se llevan las motocicletas, y los de las grúas, junto con oficiales de tránsito, nada están como perros de caza en las colonias populares, donde transitan muchos trabajadores que vienen de su jornada laboral para con cualquier excusa quitarles la moto. O también en el centro de la ciudad se las llevan estén bien o mal estacionadas; de las puras motos cobran 500 pesos de arrastre. Un trabajador humilde en una jornada no se gana ni la tercera parte de esa multa.

Si hubiera señalizaciones correctas, si fuese constante la prohibición, quizá eso nos disuadiría de dejar nuestros autos en la vía pública. Pero lo que hacen estos malandros de las grúas es armar sus operativos sorpresa, dejar que las personas se confíen para que éstas dejen sus autos y entonces, como si de un asalto a mano armada se tratara, ¡vámonos para el corralón!

La solución a algunos funcionarios les parece obvia: pagar estacionamiento. Una persona que trabaja ocho horas diarias, tendría que pagar 112 pesos diarios de estacionamiento; por 20 días que son cuatro semanas de cinco días de trabajo tendría que pagar 2 mil 240 pesos. Lo de la renta de un departamento pequeño. Esa es la solución que plantean las autoridades. Pero si la persona gana lo que ganan los funcionarios que proponen esa solución, entonces no habría excusa para dejar el auto en el estacionamiento, pero muchos de los que trabajan en el centro apenas ganan a la quincena esos 2 mil 240 pesos.

Otros señalan que la solución es el transporte público, pero éste es tan ineficiente y lento que algunos tendríamos que salir de casa a las 8:00 de la mañana para llegar apenas a tiempo al trabajo a las 9:00 horas.

Total, hay un problema al que no se le ha dado solución. Suena bonito que un alcalde diga “hay que devolver la ciudad a los peatones”, mientras tanto no hacen nada para evitar que los de las grúas, en complicidad con Transito del estado, chinguen a los que están mal estacionados, pero también a los que quedan bien estacionados; a eso se le llama terrorismo vehicular.

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