Por Armando Ortiz

15 de marzo de 2015

Mientras los regidores del ayuntamiento de Xalapa discuten sobre quién es más ignorante y borracho, si Silem García Peña o Valentín Flores Aguayo, mientras ellos se revuelcan en sus embates virtuales, en algunos ámbitos de la administración de esta ciudad capital, los trabajadores no saben a quién dirigirse para exponer sus quejas. Bien pudieran hacerlo ante el director de cada dependencia, bien pudieran hacerlo ante el alcalde directamente, quien en cada sesión de cabildo se da tiempo de atender diversos asuntos. Pero tal vez no tengan la suficiente confianza para hacerlo ni con el director de la dependencia para la que laboran, ni con el propio alcalde, al que según los trabajadores, sus funcionarios están engañando.

El día 9 de abril de 2015 llegó a mi bandeja de entrada una carta que los trabajadores de CMAS quisieran haber dirigido al alcalde, si acaso le tuvieran la suficiente confianza. Pero se decidieron a que este periodista publicara la carta en su columna. Antes de publicarla tuve que verificar que quienes la remitían fuesen auténticos trabajadores de esta dependencia municipal. Una vez hecha la indagación, resultando positiva ésta, anoto la misiva íntegra que los trabajadores de CMAS hubieran querido dirigir al alcalde de Xalapa:

“Acudimos a Usted para ver si nos puede apoyar publicando esta carta, para que el Sr. Alcalde se entere de lo que está pasando en CMAS.

Nuestro problema es el siguiente, somos trabajadores de CMAS y con la llegada de la nueva gerente de Recursos Humanos, la licenciada o contadora Diana Rosalía Moncayo Villanueva, se han venido dando una serie de problemas que queremos exponer: tales como, malos tratos, despidos injustificados y sin derecho a liquidación o una liquidación de burla. Por otro lado, si nos atrevemos a pedir una explicación del porqué de nuestro descuento injustificado, Diana Rosalía Moncayo Villanueva nos tiene más de una hora esperando mientras ella se encuentra encerrada en su oficina platicando con su secretaria y cuando nos atiende lo hace de mala gana y no nos resuelve nada, cabe aclarar que eso sólo lo hace con nosotros que nos considera muy inferiores a ella. Lo más grave de este asunto es que se escuda diciendo que son instrucciones de Presidencia y de la Sra. Mariana Yorio, ya que ella recibe órdenes directas de allá y nosotros nos preguntamos ¿y el Director General, acaso está pintado?, ¿y los gerentes y jefes de departamento también?

Es por eso que nos dirigimos a usted ya que sabemos que mucha gente lee su columna y antes de tomar otras medidas, como acudir a Derechos Humanos o buscar un abogado para demandar, no a CMAS, si no directamente a Diana Rosalía Moncayo Villanueva, ya que es la que está atentando contra nuestros derechos, queremos al menos que el Sr. Alcalde se entere de los atropellos que se están cometiendo respaldándose en su nombre y el de su señora esposa, ya que sabemos que el Sr. Alcalde y la Sra. Mariana son personas sencillas y con educación.

Entendemos que la C. Diana Rosalía nunca pensó que de ser la administradora del gimnasio de Marianita, como ella cariñosamente la llama, iba a saltar a gerente de Recursos Humanos de CMAS y en vez de actuar con humildad y tratar de involucrarse en su trabajo, sólo llegó a decir que iba a poner orden porque a eso la mando Mariana, nosotros sabemos que el Sr. Alcalde y su distinguida esposa tienen compromisos de campaña, pero al menos que pongan gente preparada y sobre todo capaz para desempeñar dicho puesto, ya que no es lo mismo administrar un gimnasio, que a lo mucho debe tener 30 empleados, a ser gerente de recursos humanos de CMAS que tiene muchísimo más personal.

Cabe aclarar que no dudamos que sea la protegida de la Sra. Mariana, ya que hasta escolta le puso, cosa que ni el Director General acostumbra.

Le agradecemos infinitamente la publicación de esta carta ya que por ser unos humildes trabajadores, nadie nos hace caso”.

 

Pues bien, mientras los pelitos siguen, los trabajadores del ayuntamiento tienen que buscar otro tipo de vías para comunicarse con sus jefes, porque además de que los ven ocupados en sus propias grillas, al parecer ni los funcionarios, ni el alcalde se han ganado la confianza de sus trabajadores. Vale señalar que del contenido de la carta algunas preguntas podrían surgir, pero esas cuestiones se podrían plantear en otro artículo más extenso.

Servidos señores.

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