Por Armando Ortiz 
21 de abril de 2015

Al finalizar la sesión en la que el insulso César Camacho se hizo acompañar de Fidel Herrera en el salón del SUTERM de Xalapa, algunas personas percibieron un olor a gas pimienta. Los concurrentes, según nota del portal Al Calor Político salieron presurosos. Ya afuera algunos de los que asistieron no podían comprender quién pudo haber lanzado una bomba de gas pimienta. Sólo un hombre de avanzada edad y con playera rojo fidelidad se atrevió a decir en voz baja: “No era gas pimienta lo que olía, era azufre; no ven que adentro estaba Fidel”.

Como si hubiera dejado un buen precedente en su gestión de seis años como gobernador, el político de Nopaltepec, Fidel Herrera, se presentó para apoyar a los candidatos priistas que se encuentran en campaña. Como si tuviéramos mucho que agradecerle por la situación en que dejó al estado el apóstol de la “Fidelidad” se presentó para decir una verdad de a libra: “Yo nunca he abandonado la política, aquí me tendrán por mucho tiempo”.

Ahí estuvo el omnipresente Fidel, el que desgastó el color rojo hasta el hartazgo, tanto que los candidatos priistas ya ni se visten de ese color; el devastador Fidel, el promotor de la bursatilización, esa estrategia financiera que habría de poner a Veracruz en la antesala del Paraíso; el inmaculado Fidel, que cambió las leyes sobre pederastia para poder señalar con su dedo flamígero a sus adversarios desde su trono de pureza; él que mira la paja en el ojo ajeno, pero no se da cuenta de la viga que hay en el suyo; el culpable Fidel, responsable, según el mismo gobernador, de la crisis financiera por la que atravesamos.

En el mes de diciembre de 2010, a unos meses de que Fidel Herrera dejara el cargo, salió publicada en plana completa en el periódico Milenio, que entonces dirigía Alejandro Montano, una carta abierta dirigida al Dr. Fidel Herrera, carta que anduvo circulando por muchos medios. En parte la carta decía lo siguiente:

“Entre otros logros usted consiguió lo que la lengua tarda décadas y a veces siglos, a saber, cambiar el sentido semántico de una palabra. Hoy día en Veracruz “fidelidad” ha dejado de ser una palabra virtuosa, pues usted ha logrado que la palabra “fidelidad” tenga más que ver con la complicidad, con la confabulación, con la corrupción”.

Entonces pensábamos que ya nos habíamos librado de él. Pero Fidel, ya lo dijo, nunca se fue. Y nosotros los veracruzanos, como el sujeto del cuento de Monterroso nos despertamos un día y nos dimos cuenta que el dinosaurio todavía estaba aquí.

Como todavía no se ha ido entonces volvemos a hacer la misma súplica que hicimos hace casi cinco años en esa carta:

“Sólo una cosa más señor Doctor, cierta noche, cuando esté solo en su habitación, acérquese a un espejo, mírese fijamente a los ojos y pregúntese si está orgulloso del sujeto que ve; a lo mejor estará satisfecho de él, como el ave de rapiña después del banquete, pero orgulloso, le juro por esta Patria que no acabo de comprender, que orgulloso nunca lo va a estar. Sólo espero que un sujeto como usted nunca nos vuelva a ocurrir en Veracruz”.

Y nos ocurrió.

 

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