Da grima la forma en cómo la clase política veracruzana demuestra su decadencia extrema; no porque todo pasado haya sido mejor, sino porque en los últimos años los veracruzanos hemos presenciado la baratura de no pocos de sus “prohombres” en el servicio público. No causa risa alguna escuchar al diputado Renato Tronco pagar porque busquen a “su doble” y lo acompañen en “sus giras” (¿?); tampoco que un diputado que se hizo político en el PAN y ahora es un panegírico viviente del PRI; o un candidato “perredista” al que le asegura la diputación por la vía plurinominal con tal de actuar como patiño en un proceso electoral en el que se trata de apoyar al PRI; tampoco el que una candidata haya ofrecido no ser “chapulín” y sin embargo lo será porque a lo mejor hasta gana; mucho menos a servidores públicos que cobrar sólo por estar en la nómina pero que nada hacen porque no hay dinero para que operen los programas de las dependencias a su cargo. No, nada de eso causa risa, sí en cambio una profunda decepción respecto de una clase política en plena decadencia.