pic.aspx¿Hemos dejado de escuchar a nuestro cuerpo? ¿Y a nuestra mente? ¿Quién decide si estoy enfermo o sano, si estoy cuerdo o loco, si he de tratarme el colesterol, la osteoporosis o la tristeza, si debo medicarme o ser operado? “Cada día más es el médico quien decide estas cosas. Nosotros, los ciudadanos, sanos o enfermos, ya no mandamos sobre nuestro cuerpo ni nuestra vida. Nos han expropiado la salud”, argumentan Juan Gervás y Mercedes Pérez-Fernández, autores de ‘La expropiación de la salud’. 

Bajo esta contundente premisa, los autores de  “La expropiación de la salud” (Ed. Los Libros del Lince), Mercedes Pérez-Fernández y Juan Gervás, reúnen para Mujerhoy las siete claves que contribuirán a potenciar la capacidad de autocuración.  

1. Las adversidades de la vida son la vida. Te puedes levantar contenta y alegre. Alguien vendrá a reventarte la jornada, o algo pasará que la reviente. Son las adversidades diarias, más o menos graves, como la lavadora que se estropea, el despido del trabajo por correo electrónico, el machista que te incomoda, el tobillo que te tuerces, la comida que te sienta mal, la amiga que no llama…¡mil cosas! Pero cada día tiene su propia malicia, amanecerá uno nuevo, en el que te puedes levantar contenta y alegre. No necesitas ni médicos ni medicamentos para superar las adversidades de la vida.  

2. El desánimo no es depresión. A veces el ánimo está bajo. Con causa o sin causa definida, hay días y temporadas en que el panorama es tedioso, gris y/o aburrido. Nada ha cambiado sustancialmente pero te falta empuje. ¡Ayer mismo te comías el mundo y hoy parece que el mundo te puede! Incluso las típicas malas noticias con las que nos intoxican hoy te parecen más reales y ciertas, y llegas a llorar. Permítete el llorar. Permite que tu ánimo sea un poco tobogán pues es normal. El desánimo no requiere ni médicos ni medicamentos.

3. Tu cuerpo es bello. Pretenden que haya cuerpos perfectos y fijan cánones imposibles de cumplir. Dar el tipo es imposible. Terminas pensando que fallas, que ya no eres la que eras, que todo “cae” en tu cuerpo, que la piel se marchita. Hay quien siente esto a los 18 años, quien a los 40, quien a los 75 pues… ¡es todo tan relativo! Sin embargo, tu cuerpo es bello, es el cuerpo de una mujer. Si te miras bien en el espejo (sin odio a ti misma) podrás comprobar que no hay muchos kilos de más, ni arrugas a miles, ni piel abotargada. Si te miras bien, comprobarás que eres hermosa en tu desnudez, que no necesitas cirugía que “rejuvenezca tu vulva”, ni precisas de médicos que opinen sobre tu índice de masa corporal. ¿Índice de qué? “¡Que te den…!”.  

4. La solidaridad es salud. A veces pareces tonta por poner tanto empeño en ayudar a los demás. Te sale del alma, no te cuesta y te reconforta. Vas de una ONG a la vecina que vive sola, incluso al compañero del trabajo agobiado. Crees en la solidaridad personal, social e internacional. Te duele ver tanto sufrimiento ajeno y te comprometes para aliviarlo. Hay quien se ríe un poco de ti, generalmente a tus espaldas. No saben que la solidaridad incrementa la salud social, la tuya y la de los demás. Pasa de críticas pues, además, ser solidaria te hace más sana y por ello necesitar menos del médico y de los medicamentos.

5. El optimismo ayuda a vivir, y a disfrutar. Se ha demostrado que las personas optimistas llegan a vivir hasta ocho años más, especialmente si ven sin temor los años de la vejez. Además, el optimismo hace más digeribles los problemas de la vida. Incluso se ha demostrado que el optimismo ayuda a sobrellevar graves problemas, como el cáncer. Todo tiene un lado positivo, incluso el cuñado pedante, el jefe imbécil o la multa de tráfico. Como poco todo ello te ayuda a mantener e incrementar la resiliencia, esa fortaleza que permite afrontar la vida. Siendo optimista se da esquinazo a mucho médico que pretende medicalizar hasta el mear (con perdón).

6. Haz ejercicio, sobre todo sexual (sirve el dolce far niente). Hace muchos siglos que el Arcipreste de Hita dijo aquello de “la mujer bien requerida anda siempre lozana”. Es decir, el sexo placentero genera salud. Lo dijo un machista de tomo y lomo, pero lo dijo con sabiduría. No lo sabía el de Hita, pero es el ejercicio físico y mental, el trajín de buscar el placer, del más y más, del ardor que se calma, del sudor que se comparte, de secreciones que se entremezclan, del corazón que se acelera y de las hormonas que se exaltan. Pues lo mismo con todo el ejercicio que te recomiendan. Sirve si gusta. En otro caso, sirve como animal de compañía el mirar las musarañas, sin más. Si puedes, la actividad sexual placentera diaria evita muchas visitas al médico, y muchos medicamentos. El ajetreo sexual es parte de la dieta necesaria.

7. Puestos a tomar drogas, las que tú elijas. Pretenden vendernos una píldora para cada mal, pero al tiempo prohíben las drogas que no controlan, las que alegran las fiestas. Si vas al médico con facilidad saldrás con medicamentos que intoxican tu cerebro, como antidepresivos, somníferos, neurolépticos, analgésicos (¡morfina, incluso!) y otros. El buen vino no entra en esa farmacopea. Tampoco la maría. Ni la cocaína. Nada de nada, aquí “pastillitas” ni una. Lo que promocionan son medicamentos “legales” (muchas veces innecesarios y peligrosos). Puestos a drogas, ¡al menos que alegren el ánimo y las fiestas!

 ‘La expropiación de la salud’, de Juan Gervás y Mercedes Pérez-Fernández es un canto a la medicina de calidad que ofrece calidad y una crítica a la medicina mercantilizada, que hace que las familias dependan de los médicos. A través de casos clínicos contados de una forma atractiva y novelada, argumenta la idea de que existe un tipo de medicina que expropia a las personas su capacidad para enfrentarse a los problemas de salud. 

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