Un adagio muy popular en México, proclama: “en política, el que se enoja pierde”, si la sentencia es aplicable o no a la áspera reacción de Antonio Nemi contra su sucesor en la Secretaría de Salud sólo lo mide el grado de animadversión que pudiera haber entre ambos. Entre las causas de esa ríspida relación quizá Nemi le atribuya a Benítez Obeso la autoría de la difusión sobre cuanto pudo ocurrir durante su gestión al frente de la Secretaría de Salud y eso le vale para calificarlo publicamente como “hijo de la chingada”, pero, consciente o inconscientemente, estaría incurriendo en el error de asumir que Benítez Obeso se manda sólo en materia de subordinación político-administrativa, lo que sería de fácil crédito en un actor político de su experiencia. ¿Acaso Nemi se fue por lo más bajito?