“Campañas, spots, voto útil (y otros trastos)- En Milenio, el periodista Carlos Puig, escribe que: “además de elecciones confiables y la doble alternancia en la Presidencia, tal vez el otro cambio notable en nuestra manera de hacer política es la creación de una clase gobernante millonaria más allá de a qué partido se pertenezca. Las campañas son buenos momentos para apreciar el fenómeno en toda su extensión. La batalla por los votos hace que abunden las filtraciones contra uno y otro. En ningún caso pueden desmentir. Si acaso, siempre hay enredadas explicaciones: es que yo ya tenía mucha lana, es que es de mi esposa, de mi cuñado, de mi papá, fue un préstamo personal, uno al 5 por ciento anual, es que realmente es del compadre del amigo de la novia del que no vino a la fiesta [….]. En algún momento, en las últimas décadas, se hizo lo mismo ser político que hacer lana. Más lana que la inmensa mayoría de los mexicanos, y más prestaciones y más privilegios. Vacacionan, comen, viven, educan a sus hijos, se divierten y se transportan como los empresarios más prósperos del país. Y a juzgar por los resultados, el número de pobres, las tasas de crecimiento y crimen, pues como que pagamos por ellos más de lo que valen. Estos tiempos de elecciones y acusaciones cruzadas certifican el triunfo absoluto de la sentencia de [Carlos] Hank: un político pobre es un pobre político”. (sin embargo.com)