Por Tomás R. Domínguez Sánchez
13 de mayo de 2015

El reto que actualmente atraviesa nuestro país en materia de derecho penal con la entrada en vigor de los juicios orales es impresionante, echar abajo un sistema e implementar otro totalmente nuevo es sumamente difícil, trae consigo una infinidad de dudas, problemas y sobre todo un mundo de recursos económicos necesarios para adecuar y crear la infraestructura suficiente para el desarrollo adecuado de todos los procesos, por otro lado, la capacitación y profesionalización de todo el sistema judicial es un tema sensible porque tenemos el chip antiguo y arrancarse ese chip sí que va a costar mucho, porque sólo para darnos una idea, en el nuevo sistema penal quien tiene que probar la culpa en una persona es el estado a través de los fiscales, correrá a cargo de ellos el que se haga o no justicia, porque de ahora en adelante operará la presunción de la inocencia que dice que todos somos inocentes hasta que se nos demuestre lo contrario.

Los ejes rectores de esta nueva forma de impartir justicia son muy distintos porque se privilegian los derechos humanos de los detenidos, por ejemplo, si al efectuarse una detención no se le da lectura a los derechos que tiene el detenido, se constituye una detención ilegal y eso será motivo de liberación inmediata; este nuevo sistema le da entrada a la publicidad permitiendo que las audiencias penales sean públicas, salvo ciertos caso que la ley señala como privadas, sólo por mencionar uno, cuando se trata de menores. Otro perfil que se destaca también es el control judicial que se practica desde el principio, es decir, todas las actuaciones de los fiscales estará sujetas a un control estricto de legalidad por parte del juez de control, quien es el garante de los derechos humanos del imputado.

Pero al punto que me dirijo tiene que ver con la oralidad porque se ha anunciado con bombo y platillo como una de las máximas virtudes del nuevo sistema de justicia, pero la verdad es que deja mucho que desear porque con la oralidad no se tendrá el resultado que tanto se espera; para poder participar con calidad de parte en los juicios se debe tener una sólida argumentación porque los argumentos se deben exponer ante el juez, ante las partes y ante la audiencia; se supone que lo que se busca es poder ver, de alguna manera, la reacción de las partes, es decir, como se comportan durante la audiencia, si se puede apreciar si mienten, si se contradicen, etc.

Dicho lo anterior, y tomando como referencia a Manuel Atienza quien es un gran teórico español de la argumentación jurídica, la oralidad resulta ser todo un problema porque de acuerdo a un la recopilación presentada en el libro Pensar rápido, pensar despacio publicado en el año de 2011 por el ganador del Premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, resulta, como expone Atienza, que todos los seres humanos tenemos dos sistemas de pensamiento, el sistema 1 denominado intuitivo y el sistema 2 denominado racional, el primer sistema se caracteriza por ser el que da el sentido común, es aquel que reacciona de forma inmediata ante cualquier situación, por ejemplo cuando conducimos en una calle sin tráfico, lo hacemos de cierta forma “automática” porque la no haber automóviles circulando pues lo que hacemos es manejar relajadamente, sin embargo el segundo sistema es más analítico, se detiene a pensar y razonar otras cuestiones que el pensamiento intuitivo no hace, por ejemplo cuando conducimos en una avenida con mucho tráfico, este sistema de pensamiento se detiene y busca posibles alternativas para evitar el tráfico, piensa en guardar distancia, y podría ser que proporciona cierta paciencia para afrontar el embotellamiento, entonces en la oralidad el sistema que está presente es el intuitivo que hace que las partes contesten de manera inmediata las cuestiones planteadas en juicio si detenerse a pensar un poco más allá, dejando que las personas sometidas a este nuevo modelo de justicia reaccionen en el momento; por otro lado, el sistema tradicional escrito, permite ir más allá, porque el tipo de pensamiento que se utiliza es el racional, porque lo escrito se puede leer y leer y volver a leer, dándole tiempo suficiente al pensamiento de analizar pormenorizadamente el caso planteado, proporcionando un buen análisis del mismo, cosa que el pensamiento intuitivo no tiene.

En conclusión, no podemos confiarnos totalmente de la oralidad en los juicios, no bastará poder ver que tan nerviosos se ponen las partes y debemos tomar en cuenta todo el nerviosismo que implica estar en una audiencia, no basta con medio darse cuenta si alguna de las partes miente por la forma en que reaccionan ante los cuestionamientos que se les hace, por supuesto que la única persona que podría darse cuenta de todos estos comportamientos tiene que ser el juez, pero no cualquier juez, deberá ser un juez experimentado que tenga esa virtud, pero la pregunta es: ¿Qué pasará con todos los jueces novatos cuando presidan su primer juicio?

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