Por Sergio González Levet
14 de mayo de 2015

En este ambiente de paroxismo generalizado en el que estamos viviendo los mexicanos, pareciera que cualquier acción ciudadana que tenga visos de protesta social, es aceptada sin mediar siquiera una explicación lógica.

Basta con que salga en las redes una denuncia contra lo que sea, para que un grupo creciente de personas se sume entusiasmado en lo que a priori consideran una especie de revuelta popular.

Uno de estos movimientos es el que se ha dado recientemente en contra de la implantación de ductos de gas natural en la ciudad. Desde la primera denuncia pública en contra de la compañía que pretende introducir este servicio en la región, verdaderas oleadas de indignados internautas se levantaron en contra de la ignominia.

Como sucede a menudo en esos casos, los instigadores manejaron una información parcial que provocó un temor e indignación entre la tropa de los críticos contra cualquier acto en el que intervenga la autoridad, que son pocos tal vez pero hacen ruido como si fueran muchos.

Veo en alcalorpolitico.com la interesante entrevista -exclusiva, como es costumbre del portal que buen dirige Joaquín Rosas Garcés- que le concedió a la reportera Claudia Montero el “representante legal de la empresa Gas Natural del Noroeste S.A. de C.V. [GNN], Horacio Zárate”, en la que le pide a los ciudadanos de “Xalapa, Coatepec y Emiliano Zapata, así como a las dependencias y organizaciones civiles que estén a favor o en contra del denominado proyecto de Gasoducto, que escuchen la versión de parte de la empresa”.

Digo, el señor tiene razón en pedir que se escuchen los razonamientos de GNN, porque hasta ahora sólo han campeado las afirmaciones de los detractores.

Yo no tengo el gusto ni la necesidad ni las ganas de conocer a nadie de esa empresa, pero tengo la seguridad de que el manejo de gas natural por medio de tuberías, es menos peligroso que la distribución de gas LP en pipas por calles y carreteras… y tengo la seguridad porque viví hace algunos años en Aguascalientes, y allí se instaló el servicio de distribución de gas natural sin que mediara ningún conflicto popular, y menos peligro alguno para la gente buena de aquellos lares.

Y tengo más seguridad porque todos hemos escuchado recientemente de explosiones provocadas por el estallido de pipas de gas o de tanques de gas LP en edificios y casas, y no se sabe de un accidente provocado por el gas natural.

Sucede que el gas natural es más ligero que el aire, así que si se fuga alguna cantidad, de inmediato se eleva, se volatiliza y se esfuma su potencial explosivo, lo que no sucede con el gas LP, que permanece a ras de suelo y provoca estallidos de gran magnitud destructora.

Júntele que al abastecerse por medio de una tubería, se garantiza el suministro permanente y se acaba la engorrosa espera de la pipa de gas, que nunca llega cuando más nos urge.

Y otra más: el gas natural es más económico que el LP, así que el gasto doméstico o industrial disminuye considerablemente, y eso sí se nota en el bolsillo, no como las pretendidas reducciones de la CFE por el horario de verano, que como friega.

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