Por Flavio Morales Cortés
9 de mayo de 2015

La pila de cadáveres se acumula en la prensa y se vuelve parte del paisaje. Pasa en otros temas; nos acostumbramos a ver con naturalidad cosas que están fuera de toda explicación lógica y en pocas palabras, aprendemos lidiar con ausencias tan graves como las de la seguridad.

Es hasta que acontecen hechos tan absurdos y abominables, como el asesinato de una menor de 15 años, secuestrada a plena luz del día en una ciudad turística y principal de la entidad, que todos nos tomamos unos minutos horrorizados para ver en donde estamos parados.

El muy lamentable crimen de la estudiante Columba Campillo sacudió una vez más a nuestra sociedad, para hacerla reaccionar ante la paulatina y sostenida pérdida de su tranquilidad y hacerle exigir un alto a estos niveles de violencia.

Es ante hechos tan absurdos y repudiables como este, que los indicadores chocan con la realidad y quedan al desnudo los anuncios del gobierno que asegura va ganando la lucha contra la delincuencia.

Porque más allá de las mediciones de opinión pública, la pérdida de la tranquilidad no se calcula en los informes de gobierno y sin embargo, es ese el principal parámetro para determinar si una sociedad es segura o no.

Ante la criminalidad, la respuesta del gobierno es sistemática: tantos elementos policiacos capacitados, tantas patrullas compradas, cifras sobre los decomisos de estupefacientes e incluso, la numeralia de capos detenidos y bandas delincuenciales presuntamente desactivadas.

Sin embargo eso literalmente es irse por la tangente, porque Constitucionalmente el Estado está obligado a salvaguardar la integridad de sus habitantes, no a la compra de equipamiento y/o capacitación.

Si durante años la fórmula de más patrullas, más policías, más detenciones y decomisos ha probado que no da resultados, pues entonces quiere decir que esa estrategia debe cambiarse.

Porque mientras los ciudadanos no salga a la calle o peor aún, no se encuentren en su casa tranquilos, entonces no hay indicadores ni cifras de informes que valga, simplemente no se está cumpliendo con el mandato de dar seguridad a la población.

Este domingo, los veracruzanos saldrán a las calles a decírselos una vez más a quienes los representan, ¿será que ahora sí existan oídos para escucharlos?

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