Es una verdad genuinamente histórica el que de entre un conjunto de leyes, las mejores son aquellas que se apegan al contexto social en el que van a tener vigencia y se tornan en paradigmas cuando son estrictamente aplicadas.

¿En cuántas ocasiones se ha hablado en México de reestructurar nuestro sistema político convirtiéndolo de presidencialista a parlamentario o alguna mixtura en la gama de posibilidades?

Nada se ha concretado, aunque en el actual proceso electoral del Estado de Nuevo León se ha fortalecido al candidato que contiende como independiente con la declinación a su favor del candidato de Movimiento Ciudadano.

Entre las condiciones para caminar juntos se establece que, de obtener la victoria, ya una vez gobierno, se crearía la figura de Coordinador Ejecutivo de la Administración, no subordinada al gobernador, un modelo diferente al tradicional mexicano en las estructuras administrativas de las entidades federativas.

¡Claro! Esto queda en la hipótesis de que el candidato obtenga el triunfo electoral y que en los hechos se cumpla, este trance obligaría a reformar por lo menos la ley de administración pública de Nuevo León.