Por Tomás R. Domínguez Sánchez
06 de mayo de 2015

Las leyes inútiles debilitan a las necesarias

Barón de Montesquieu

Nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, también conocida como Ley Suprema, Máxima o Constitución Federal, ha recibido más de 550 reformas desde que fue promulgada hace casi 100 años, pues somos uno de los países que más ha transformado su ley máxima, porque de esa Constitución Federal del año 1917 no queda casi nada, porque de acuerdo con las estadísticas del Congreso de la Unión, el 80% de los artículos se han reformado aproximadamente 5 veces cada uno; tan sólo en el primer año de Enrique Peña Nieto se le han hecho 21 modificaciones y es el presidente que más la ha reformado durante ese periodo, algunas de ellas han sido de muy poca relevancia, otras no tanto pero en lo particular hay una que ha marcado un nuevo rumbo en el mundo jurídico, hablo de la Nueva Ley de Amparo publicada el 2 de abril de 2013 una ley totalmente nueva que supone nuevos casos de procedencia y una extensión protectora más amplia; en realidad el crédito no es del Presidente porque esa ley es producto de años de trabajo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y Peña Nieto sólo fue el requisito para emitir la nueva ley.

Muy aparte de todas esas reformas, quiero decirles que somos un país que cuenta con muchas, qué digo muchas, muchísimas leyes; tenemos leyes para todo y que han sido creadas, a capricho de todos nuestros legisladores en un modo, tiempo y lugar determinados, es decir, siempre que surge cualquier problema por pequeño que sea lo primero a lo que se recurre es sacar una nueva ley, sólo por citar un ejemplo, en el año de 2011 un hombre y una mujer de este maravilloso estado decidieron dar cuenta de supuestos hechos delictivos a través de la red social twitter, debido a esos mensajes publicados por estos twitteros se reformó el artículo 273 del Código Penal para el Estado de Veracruz creando un nuevo delito denominado perturbación del orden público desencadenando una ola de protestas impresionante, dicha modificación suponía un castigo para quien infundiera el terror a través de cualquier medio o red social, por supuesto incluido twitter; como resultado de todo esto se encarceló a esas dos personas, sin embargo existe el principio de la no retroactividad de la ley, que quiere decir que ninguna norma nueva es aplicada en perjuicio de persona alguna, por lo que inmediatamente obtuvieron la libertad los twitteros; y como dato adicional en junio del año de 2013 la Suprema Corte declaró inconstitucional dicho artículo porque viola la libertad de expresión, el derecho a la información, a la legalidad, a la seguridad jurídica y a la exacta aplicación de la ley penal los derechos humanos consagrados en la Constitución Federal.

Y así administraciones van, administraciones vienen y todas tienen que hacer sus ansiadas reformas, algunas son absurdas, otras no tanto, pero el caso es hacer leyes que respondan a una determinada situación aunque a la hora de aplicarlas resulten llenas de lagunas, otras inconstitucionales, o de plano de nula aplicabilidad porque no se adecuan al caso concreto que se le plantea al juez.

La urgencia de hacer leyes congruentes en nuestro país es innegable, no podemos seguir en esta abundancia legal inútil teniendo normas que resultan obsoletas, antiguas, y en total abandono, que sólo están por estar; ahora que estamos en proceso electoral debemos elegir bien a nuestros representantes y por supuesto pedirles que de llegar a alguna curul hagan lo que deben hacer: su trabajo legislativo. Qué echen una buena mano a la normatividad en nuestro país y doten de un nuevo marco normativo que sea útil, por ejemplo, en lugar de hacer leyes de transparencia que no tienen nada de eso podrían crear una ley que reglamente y haga posible la renuncia del Presidente de la República, porque de acuerdo con nuestra legislación no contamos con una ley de ese tipo.

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