“Democracia, ¿cuántos crímenes se cometen en tu nombre?” solía ser una frase de uso común en la segunda mitad del siglo XX mexicano, se utilizaba para acentuar las múltiples ocasiones en que el partido en el poder le ganaba las elecciones al pueblo, un costumbrismo mexicano de aquello época. Ahora, con el cuento de la libertad de expresión se formulan acusaciones sin ton ni son; el mismo senador Alejandro Encinas dio a luz una información en la que “documentalmente” se sostenía que la delegación de sedesol en Veracruz desviaba recursos públicos para menesteres ajenos a su función, en base a esa acusación se exigía la renuncia del delegado, quien negó públicamente la acusación y deslizó la idea de que el senador había sido sorprendido con documentos apócrifos, y tal vez así fue porque Encinas no ha dicho ni pío. Ahora, desde el Partido del Trabajo se acusa a la coalición PRI-PVEM de ofrecer dinero a quienes serán funcionarios de casilla para que no acudan y de esa manera y operar el fraude. ¿Verdad o solo un artificio electoral más? Ni a cuál irle.