Para el Magistrado Fernando Charleston.
Con afecto y admiración.

 

En una visita cordial que hiciera al Presidente del Tribunal Superior de Justicia, el magistrado Alberto Sosa, amigo ya de varios años, me encontré en los pasillos del edificio del Tribunal a uno de los magistrados que de entrada no supe quién era. Gustavo Cadena Mathey, que se encontraba conmigo, me presentó con el magistrado que muy amable me saludó, al tiempo que señalaba que era uno de mis lectores. “Claro que lo conozco –dijo- lo leo en sus columnas políticas, pero la verdad es que las que más me atraen son en las que habla sobre literatura”.

El magistrado citó de memoria algunos temas que sobre literatura he tratado, habló de mi paso por la ciudad de México en donde estudié en la Escuela de Escritores de la SOGEM, habló de mi trabajo en la Quinta de las Rosas con los adultos mayores. Reconoció, y no quise suavizar su apreciación, el valor que tiene uno para decir las cosas. Resulta que el magistrado sabía muchas cosas de mí, más de lo que esperas que una persona, a la que por primera vez saludas, sepa de ti.

La anécdota cobra sentido cuando nos ponemos a pensar en la gran responsabilidad que tenemos los que escribimos en los medios de comunicación. Cada palabra que uno escribe va delineando el perfil de quienes somos. Cada frase, cada expresión determina nuestro carácter. En cada artículo publicado, ya sea político, literario, anecdótico o ensayístico, vamos dejando parte de nosotros.

Pero la persona no es sólo una, la persona es muchas personas. Un día somos combativos, otro día somos demasiado condescendientes; un día somos poetas y otro día lanzamos vituperios. Un día somos tiernos, otro día somos fieros; un día somos hijos y otro día somos huérfanos. Pero en el fondo, en la base sólida de lo que somos, en el sustrato que amalgama todas esas personalidades, ahí está la persona que los demás reconocen, el rostro que todos los que nos leen contemplan.

El mensaje que emitimos es uno, pero se convierte en muchos, dependiendo de quien lo lea. Sin embargo, la grandeza de un escritor radica en mandar un mensaje que pueda ser leído por una diversidad de lectores que logren, cada uno, captar en esencia lo que el autor está diciendo; aunque cada lector se encuentre en diferente contexto.

Difícilmente se logra ese objetivo, porque ni siquiera el autor de un texto es su lector ideal. A veces, pasado el tiempo, volvemos al texto que escribimos y no nos reconocemos o peor aún, reconocemos al otro.

Es por ello que cada escritor que se sienta digno de serlo debe ser muy cuidadoso con lo que escribe. Ante todo debe ser honesto al escribir. De acuerdo con el diccionario de la RAE, la honestidad es el valor de una persona decente, razonable, justa y honrada. Otros diccionarios señalan que la honestidad, “desde un punto de vista importante es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente”. Finalmente la honestidad va de la mano con la congruencia. No se puede ser un buen escritor si no se es congruente.

¿A quién queremos engañar? No tiene caso que un día utilicemos el disfraz de bienhechores, si la gente ha leído de nuestras maldades; no tiene caso que nos vistamos con la elegancia de las palabras, si la gente sabe de nuestra maledicencia; no tiene caso que nos pongamos la lustrosa medalla de la democracia, si todos saben de nuestra tiranía; no tiene caso que vistamos de blanco para sentirnos puros, si la gente sabe que por dentro estamos llenos de inmundicia.

 Postdata 1: En riesgo pago de quincenas

 Una de las cosas que debe cuidar muy bien esta administración, en el rubro de las finanzas, es el pago quincenal que se debe dar a los trabajadores del estado. No se puede jugar ni negociar con este beneficio, con esta retribución merecida. Pues la presión en Finanzas es tan fuerte que se corre el riesgo de que el pago quincenal para los trabajadores del estado no se dé a tiempo. Esto originaría no sólo un gran malestar por parte de aquellos que ya han realizado su trabajo, sino que pondría de manifiesto lo que el gobierno ha querido ocultar, que las Finanzas en el estado están en su nivel más bajo.

 Postdata 2: Primero de mayo

 Ya el Primero de mayo dejó de significar un día victorioso para la clase trabajadora. Si el gobierno pudiera los suprimiría, como suprimió el desfile del 20 de noviembre, Día de la Revolución. En Veracruz los grupos magisteriales encabezaron una manifestación de repudió que obligó a los que se encontraban en el templete de “honor”, a retirarse. Antes Gerardo Buganza, secretario de Gobierno y Gabriel Deantes, “el desleal”, habían encabezado una esperpéntica farsa de unidad. Y de los mártires, ¿quién se acuerda?

Armando Ortiz                                                                                aortiz52@nullhotmail.com