Por Luis Gerardo Martínez García
02 de mayo de 2015

Este día primero de mayo, conmemorando el Día Internacional del Trabajo, en Xalapa, como en otras ciudades de Veracruz los trabajadores manifestaron su inconformidad ante las irregularidades de Estado. Todos, aunque sobresalieron los maestros. Los maestros están verdaderamente indignados y sólo así se hacen escuchar.

Jubilados, pensionados o activos, los trabajadores de la educación tienen mucho qué exigir. Se han convertido en rehenes del mal gobierno. A éste se le han unidos, cual cómplices, casi todas las organizaciones sindicales. Injustamente se ha dañado el patrimonio laboral y salarial ganado a pulso y por años; sin mayor recato, la mal llamada reingeriería gubernamental, atenta contra todos los derechos de los maestros.

Basta un poco de sensatez de las autoridades del sector educativo para repensar los agravios contra ellos. Pero el salario y prestaciones de los maestros se han convertido en el botín político para el perjuicio de muchos. Familias enteras dependen de la estabilidad económica y emocional de los profesionales de la educación. Mucho se ha cuestionado el hecho de que las principales autoridades educativas desconocen la vida escolar, y es cierto, sólo que eso no les exime de la responsabilidad que les ha dado el Estado. El que no haya estado ejerciendo la docencia por años, o nunca, no los hace ajenos a las realidades de la educación y sus actores.

Si se revisara la vida escolar de los maestros durante los últimos cincuenta años, por lo menos, quienes toman decisiones en los estratos gubernamentales tendrían una idea clara de lo que significan para una sociedad; años de entrega, generaciones formadas, dirigentes soportados, eventos organizados, reuniones programadas, cursos recibidos, posgrados postergados, lecturas hechas, salud sacrificada, horas de viaje, viajes tortuosos, desvelos aguantados, alimentos poco nutritivos y salarios con menor poder adquisitivo son los puntos vitales de un maestro hoy en día; si se hiciera una radiografía de los maestros rurales o de los indígenas, la situación pinta un poco peor.

Más allá de la defensa de su situación laboral y salarial, los maestros están luchando por su dignidad; porque tienen claro que son partícipes de la educación de este país y que ante la sociedad y sus estudiantes tienen la responsabilidad de defender sus principios y sus valores que les da identidad como seres humanos. Hoy los maestros, seguro estoy, no desistirán en su lucha por una sociedad justa, dispuesta a enfrentar al tirano, por eso se manifiestan, por eso no desistirán. Veo también que no dejarán de luchar por sus ideales o por la defensa de su patrimonio laboral y salarial.