Por Rubén Ricaño Escobar
19 de mayo de 2015

Cuántos veracruzanos, por cualquier causa que haya sido, hemos dejado de ir a nuestros pueblos que tanto amamos. Y lejos o cerca se siente la nostalgia del terruño. Volver a Plan de las Hayas después de varios años me movió a la profunda reflexión, despertó recuerdos y me puso en los zapatos de mucha gente que tampoco ha vuelto a este hermoso pueblo y no es por falta de amor, es por necesidad, por lejanía y ¿por qué no admitirlo? Por precaución.

En primavera el cielo de Plan de las Hayas es azul y transparente, custodiado por una imponente montaña esmeralda en cuya cima hay una cruz protectora que mira pasar la vida tranquila y acogedora de quienes han tenido el privilegio de quedarse, desde ahí la vista es algo más que impresionante, te arroba, cautiva tus sentidos, me recuerda al hermoso poema de Salvador Novo cuando dice: “Se mira allá, como una flor caída de pétalos dispersos, los dedos de su iglesia te señalan y los techos recatan las cunas y los sueños…”. Y es que Plan de las Hayas es un poema, es la expresión más pura de la provincia mexicana, esa provincia que a veces perdemos insensiblemente.

Como ha ocurrido en todos los pueblos de Veracruz, muchos se fueron persiguiendo el sueño americano, buscando una vida mejor para ellos y para la familia que dejaban atrás, yo siempre he admirado a la gente que tiene el coraje de soltar sus amarras y salir a trabajar para hacerse a la vida, aunque la verdad y ante la riqueza de esa región de la Sierra de Misantla, también siempre he pensado que no había necesidad, que conociendo a la gente valiosa y trabajadora de la sierra y esa potente riqueza natural de sus montañas debimos ser capaces de construir una economía que incluyera a todos, que diera oportunidad, trabajo, escuela, cultura y salud absolutamente a todos los que viven en aquella región.

Pero esa carretera por la que luchamos para que se construyera con la ilusión de que fuera el camino de entrada de la prosperidad, se convirtió en el camino de salida de padres, madres, hijos e hijas que atrás dejaban todo. El poderío de producción de café no fue suficiente y así fue que comenzó el éxodo de la mayor riqueza que puede tener un pueblo, su gente, sobre todo sus jóvenes. Otros salieron a estudiar y ya no regresaron porque nuestro sistema educativo prepara a los jóvenes para ser expulsados de sus regiones, no los prepara en carreras que los hagan regresar a sus pueblos a aplicar los conocimientos adquiridos.

Muchos otros, los más cercanos dejamos de ir por precaución, decía, porque la inseguridad y el crimen se apoderaron de aquella hermosa región de gente noble y buena y muchos decidimos no ir más, muy a pesar del entrañable cariño que se le tiene a Plan de las Hayas, por eso, regresar nuevamente a vivir la fiesta del pueblo fue más que grato, removió recuerdos, recuerdos de la cosecha del café, recuerdos de amigos entrañables, recuerdos de gente ejemplar que supo construir nuevamente el pueblo y evoqué 1993 cuando la gente de Plan de las Hayas dio el ejemplo a nivel nacional de lo que un pueblo unido es capaz de hacer, cuando la voluntad de las autoridades municipales, el apoyo del gobierno del Estado y el trabajo entusiasta de la gente se unen para volver a construir el pueblo, en ese año Plan de las Hayas vivió algo podríamos llamarle su refundación, porque desinteresadamente su gente se unió y con el apoyo de sus gobiernos, se pavimentaron todas las calles, treinta y dos aproximadamente, se construyó un parque, una agencia municipal con biblioteca, se construyó toda la red de drenaje, agua y luz, guarniciones y banquetas, pintura de todo el pueblo, señalética, un puente y una carretera, y todo se erigió en sólo noventa días y ahí está, como un ejemplo inobjetable de lo que un pueblo unido, cooperando y trabajando de manera organizada es capaz de hacer, todo con los liderazgos de Dante Delgado, Gobernador; Jehú Armenta Córdoba, Alcalde; Francisco Morales Andrade, Agente Municipal; Sheyla Zamora, Presidenta de la Junta de Mejoras; y las y los presidentes de cada comité de calle.

Si el ejemplo de Plan de las Hayas se hubiera replicado en todos los pueblos de Veracruz, estaríamos viviendo una realidad muy diferente, pero muy pocos comprendieron el mensaje que enviamos de planeación, unidad, trabajo, organización y hermandad. Se dice que nunca es tarde para retomar el camino y yo estoy de acuerdo porque la primera prueba ya está dada, felicidades a mi amigo Ernesto Cuevas Hernández, Presidente Municipal de Juchique de Ferrer que con liderazgo ha retomado el rumbo de entonces, mi homenaje a las familias de aquél lugar que seguramente se pondrán al frente para devolver el esplendor, los Blanco, Zamora, Montano, Barradas, Rebolledo, Maldonado, Mirón, Cornejo, Pozos, Armenta, Santa María, Morales, Ruiz, Muñoz, Ceballos, Galicia, Cuellar, De la Torre, Galán, Galván, Méndez, González, Carretero, Pérez, Cuevas, Lara, Vázquez, Maján, Bravo, Martínez, Landa, Soto, Rojas y tantos otros que al volver nos han hecho sentir que nunca nos fuimos, gente cálida, trabajadora y buena que unida lograrán ser escuchados para reconstruir las carreteras tan dañadas, por donde transitan los insumos, productos, toda la riqueza agrícola que producen y sobre todo por donde se mueven aquellas personas maravillosas que habitan esa hermosa y querida región.

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