En El Universal, la periodista, Denise Maerker, escribe que: “es muy probable que en Jalisco esté pasando lo mismo [que en Michoacán]. Y que en las comunidades asentadas a lo largo de la carretera estatal 544 por donde es común ver pasar convoyes de hombres armados, donde cada señalización parece haber sido utilizada para practicar el tiro al blanco y donde emboscaron a los policías, los vecinos sepan todos los pormenores de quiénes son, a quién obedecen esos hombres y qué autoridades los protegen […]. En Michoacán los Templarios habían roto la Pax narca y muchos estaban desesperados por los robos y las vejaciones que padecían. Esa es la gran incógnita en Jalisco: ¿Hay potenciales aliados locales? No se escucha a líderes locales desafiando al cártel ni a grupos manifestando abiertamente su inconformidad. ¿Es el miedo aún mayor que el agravio? Por lo pronto es un silencio que no augura nada bueno”.