Por Marco Antonio Aguirre Rodríguez
09 de mayo de 2015
  • Indignación por la inseguridad
  • Marchas en Veracruz y Coatzacoalcos

 

 

En este Veracruz donde la realidad se empecina en romper el idílico “no pasa nada” de Javier Duarte, la indignación surgió con fuerza ante los crímenes cometidos contra la joven Columba Campillo, el periodista Armando Saldaña Morales, y el abogado Daniel Bermejo Orozco.

La familia del periodista Armando Saldaña, su esposa María Isabel Jasso, y su hija Cristina Saldaña, buscaron ser recibidas por alguien en Palacio de Gobierno que les informará de los avances del caso, pero nadie las atendió, sobre todo porque el Fiscal Luis Ángel Bravo busca desprenderse del mismo argumentando que le corresponde a las autoridades de Oaxaca, donde fue encontrado el cuerpo, sin tomar en cuenta que los posibles móviles del homicidio ocurrieron en Veracruz, en Tierra Blanca, que es donde desarrollaba su actividad.

En Coatzacoalcos, la inseguridad llega a tales niveles que el alcalde Joaquín Caballero los reconoce como críticos y consideró urgente el delinear estrategias de seguridad para la zona. Ahí, incluso los empresarios vía Raúl Ojeda Banda, secretario del Consejo Coordinador Empresarial, pidieron en abierto la renuncia de Arturo Bermúdez Zurita, y un cambio en la estrategia de combate a la delincuencia. La Barra de Abogados de Coatzacoalcos en cambio pidió el cese del Fiscal.

También la diputada del PVEM, Mónica Robles, dijo apoyar la marcha contra la inseguridad convocada para el 15 de mayo, e incluso apunto que en esa ciudad se registran secuestros, asaltos e incluso homicidios a plena luz del día.

Daniel Bermejo fue asesinado por unos delincuentes que realizaban uno de los asaltos cotidianos que se dan en Coatzacoalcos, de esos que dicen Duarte, Bermúdez y Bravo, que en Veracruz no ocurren.

El caso de Columba Campillo, tomo dimensiones amplias, porque fue la segunda joven desaparecida; la primera fue la estudiante universitaria Melissa Espinosa Hernández, quien no ha sido localizada.

La noticia del hallazgo de su cadáver levantó conmoción en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río; la menor estaba amarrada de pies y manos. En este caso se dejo correr de inmediato una versión de que se trataba de una venganza amorosa, e incluso el diario Noreste, de Poza Rica, difundió que el crimen lo cometió una banda denominada “Los Porkys”, del fraccionamiento Costa de Oro (fue el más caro y exclusivo del estado) y que incluso uno de los participantes huyó hacia Estados Unidos.

La versión lo único que provocó fue reacciones en contra de las autoridades policiacas, porque si conociendo la existencia de la misma y presumiendo que fueron ellos quienes cometieron el crimen, ¿porqué no se les intervino?.

La aparición del cuerpo de Columba provocó que se convoque a dos marchas en la ciudad de Veracruz, ambas el domingo 10 de mayo; la primera protestando por la desaparición de mujeres jóvenes y los hallazgos de cuerpos en todo el estado, a las 10 de la mañana, partiendo del Tranvía del Recuerdo, y la segunda a las 5 de la tarde, saliendo del asta bandera del bulevar de Veracruz, convocada por madres de esa ciudad.

Además de estos casos están: los seis cuerpos encontrados en la carretera Veracruz-Xalapa el domingo 3 de mayo, el hallazgo de una osamenta de humano en Ángel R. Cabada y otra más en Papantla, el homicidio de un campesino apodado “La Changa”, el hallazgo de un cuerpo femenino en la colonia Las Gardenias, en Boca del Río.

También fueron encontrados tres cuerpos en Soledad de Doblado y uno más en Manlio Fabio Altamirano, el martes 5 de mayo,

Antes, en Coatzacoalcos, en la zona de Las Barrillas localizaron una fosa clandestina con tres cuerpos; otro entierro hecho por delincuentes fue localizado en Chacaltianguis, donde hallaron 17 cadáveres

La violencia en Veracruz también tiene trazos de feminicidio creciente. En un recuento rápido, en los primeros 22 días de enero aparecieron tres mujeres asesinadas: Una joven de 17 años, en Veracruz, Yamilet Miguel Rivera, en la colonia La Pochota; una joven de Medellín, que apareció embolsada a orillas del río Cotaxtla y con huellas de tortura, y una maestra de Telebachillerato, en Poza Rica.

Otro crimen llamativo, y sin resolver, es el asesinato de Ángel Virgen Pavón, hermano de Tito Virgen, dirigente sindical del ingenio El Refugio.

El estado de Veracruz, de acuerdo con cifras oficiales, ocupa el cuarto lugar nacional en hechos de secuestro y el tercero en denuncias por desapariciones de hombres y mujeres, especialmente jóvenes, que probablemente están siendo secuestrados por tratantes de seres humanos.

El hartazgo social tiene –a veces- fugas que llevan a querer linchar a los delincuentes, como el caso ocurrido apenas el 7 de mayo en la colonia 21 de abril de Veracruz, donde los vecinos querían linchar a un presunto violador, que fue rescatado por la Policía Naval.

O el caso de Lerdo de Tejada, donde pasajeros de un autobús capturaron la noche del sábado 2 de mayo a un asaltante que intentó robarlos, mientras que otro de los delincuentes huyó.

El conteo de sangre regada en Veracruz por delincuentes podría continuar y continuar.

Y añadírsele las denuncias por violaciones a corredoras en el Cerro del Macuiltépetl, en Xalapa, las cuales son negadas por las autoridades, aún cuando se han hecho las denuncias publicas

Y a la par de todo esto, y también como parte del baño de sangre, está la desaparición de Omar Cruz Reyes, alcalde de Medellín ¿de permiso?, acusado de ser el autor intelectual del homicidio de Moisés Sánchez.

Y cada uno de los casos son muestra de la ineficacia de los encargados de la seguridad pública y la persecución de la delincuencia en Veracruz: Arturo Bermúdez Zurita y Luis Ángel Bravo.

Ambos deben ser despedidos del cargo o renunciar, para dejar que alguien con mejores aptitudes ocupe los puestos.

Son místicos que han mostrado que no pueden estar a la altura de la encomienda.

Los terrenales reclamamos seguridad.

Y si Javier Duarte quiere conservarlos como funcionarios, que también renuncie.