Por Armando Ortiz
13 de mayo de 2015

Me comentaba un amigo que había trabajado en la Procuraduría de Justicia de Veracruz, que estando ahí no faltaba ocasión de que algún compañero periodista le llamara por teléfono para pedirle algún favor. En una de esas ocasiones le llamó un periodista connotado para pedirle que le ayudara a sacar a su hijo de la cárcel, pues lo habían detenido por andar graffiteando las paredes. Comenta mi amigo que habló con el compañero periodista y le dijo que había de dos: La primera era hablar para pedir que una vez que le tomaran declaración al muchacho y lo dejaran libre; la otra era dejar que el muchacho, quien seguramente no era la primera vez que cometía tropelías, se quedara un fin de semana en la cárcel, para que entendiera que las malas acciones tienen consecuencias. El padre le dijo a mi amigo que el chico estaba muy asustado, que prefería sacarlo. Mi amigo le dijo, “pues como digas, nada más que ahorita cayó por un asunto leve y se va a dar cuenta que su papá lo puede sacar de cualquier apuro, cuando sea un asunto más grave entonces ya no se va a poder”. El periodista lo pensó dos veces y tomó la decisión correcta. Le llevó algo de cenar y una cobija y lo dejó a dormir en la cárcel. Esperemos que el muchacho haya entendido la lección.

De acuerdo con Federico García del periódico Notiver, “la mañana del 24 de abril (2013) Jonathan Peña Yáñez se desplazaba a bordo de una bicicleta, con un grupo de aficionados al deporte que diariamente salen a ejercitarse, cuando ocurrió el accidente. Circulaba sobre el boulevard Ávila Camacho y a la altura de calle 12, en el Fraccionamiento Costa Verde, fue embestido por una camioneta Pick Up que materialmente zigzagueaba, pues el conductor había perdido el control. La Pick Up quedó montada en el camellón del Boulevard Ávila Camacho, los corredores y ciclistas testigos del accidente se apresuraron para auxiliar a su compañero Jonathan Peña Yáñez”.

Desafortunadamente Jonathan murió debido a las lesiones provocadas. Quien conducía la camioneta, de acuerdo a éste y otros medios impresos era Jorge Cotaita Grajales. La Policía Naval y oficiales de tránsito de Boca del Río dieron cuenta de ese hecho. Sin embargo y de acuerdo con la nota de Notiver, “la policía de Tránsito de Boca del Río nunca envió el Parte de Accidente al Ministerio Público, tampoco la PGJE inició una investigación formal en esa ocasión, a pesar de que personal de Millenium reportó a la fiscalía el ingreso del paciente”.

Pues este Jorge Cotaita Grajales, quien gracias a sus influencias libró la cárcel y una acusación de homicidio, es uno de los cuatro individuos que el periódico Noreste llama “Los Porkys de Costa de oro”. Los otros tres señalados como parte de esta banda son: Enrique Capitaine, Gerardo Rodríguez y Diego Cruz Alonso. A ellos en un principio se les acusó de la muerte de la joven Columba Campíllo.

En su muro de Facebook Jorge Cotaita se defiende de esas acusaciones señalando lo siguiente: “Sabemos que nos conocen desde niños y que como ustedes saben somos familias de confianza y unidas con valores (…) Al día de hoy hemos aprendido la importancia de ser impecables con nuestras palabras y agradecemos a quienes también ahora lo practican. Y aunque una palabra puede ayudar o dañar muchísimo a una persona, las acciones de toda una vida siempre dicen más”.

Yo me pregunto: ¿mientras escribía esa nota en su muro, se acordaría de Jonathan Peña Yáñez? Por cierto, ¿quién en miércoles amanece en estado de ebriedad? Según notas periodísticas “al lugar del accidente llegaron elementos de tránsito del estado así como de otras corporaciones policiacas quienes dialogaron con el presunto responsable de quien aseguran estaba en estado inconveniente”.

Lo más fácil es señalar a estos jóvenes de familia pudiente como culpables de los delitos que se les imputan; “son ricos -dice la gente- y los ricos son capaces de todo”. En sus fotos de Facebook aparecen con sus familias, muy bien portaditos, con su aureola de santidad. Pero en la mayoría de sus fotos están de fiesta, con los pomos vacíos en la mesa, rodeados de chamaquitas impúberes. Por supuesto habría que buscar su récord de detenciones en el alcoholímetro, pues según dicen los detienen pero por influencias de sus padres los dejan libres.

No se trata de poner las manos al fuego por nadie, pero hasta el más santo de los hijos de cualquiera, con un poco de alcohol, droga e influencias se puede convertir en el más terrible monstruo. Pero, ¿quiénes son los culpables? ¿Los jóvenes a quienes se les da todo y los hacen creer que son dueños del mundo y de la vida de los que viven en este mundo? ¿Acaso no son los padres los verdaderos “Porkys”? En su prepotencia baten a sus hijos en el estiércol de la impunidad.

Si se llegase descubrir alguna responsabilidad a estos muchachos llamdos “Los Porkys de Costa de Oro” por algún crimen cometido en la zona de Boca del Río, tanto los culpables como sus padres, deberían compartir la cárcel.

 

Postdata 1: Los “Porkys” de Xalapa

Pero eso no sucederá, algunos de los “Porkys” de Xalapa, quienes asesinaron al joven Palomeque, terminaron siendo alcaldes y diputados. Esta es nuestra justicia, esta es nuestra realidad.

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