Fernando Vázquez Rigada

 La mejor forma de no oir nada es oir mucho. Quien oye mucho, difilmente escucha. El ruido extremo tiene un efecto: ensordece.

Eso ocurre en México. Si pudieramos prestar atención en medio de tanto ruido, estaríamos preocupados, muy preocupados, por el futuro inmediato del país.

La fecha clave no es el día7. Es el 8.

Lo de menos es quien gane una elección. Lo que importa es qué va hacer cuando gane. Lo relevante no es ganar, sino que país está a dispuesto a destruir para hacerlo.

Un recuento somero del ruido reciente debería alertarnos. Dos candidatos ejecutados en una semana. Denuncias documentadas de corrupción de gobernadores, alcaldes, candidatos. Guerra sucia. Golpizas a los seguidores del adversario. Jalisco tomado por el hampa. Movilizaciones de pseudo maestros. El crimen tomando la montaña baja de Guerrero. Generación de empleo raquítico. Empresas corruptas que no rinden cuentas. Medios de comunicación cada vez más dóciles a la verdad oficial que, por serlo, deja de ser verdad.

Alguien ganará cada una de las 9 gubernaturas. Algún partido, o algunos, controlarán la cámara baja.

¿Y?

¿Para qué?

El recuento de los daños es escalofriante. Tenemos un país roto. Disfuncional. Descarrilado.

Se requiere un empuje de estado y un acuerdo general para resarcir la decencia en la nación.

Es una tarea de altos, altísimos vuelos. Que demanda la conjunción de liderazgos poderosos y compromisos enérgicos de la sociedad civil.

No se ven ni los unos ni los otros.

El ruido nos distrae. Tanto ruido nos ha dejado sordos. Pero cuidado. Los signos están ahí. Habría, como Beethoven, que pegar nuestro oído al piso para escuchar el rugido que viene.

@fvazquezrig