Para el diputado local, Francisco Garrido, primero está la defensa del gobierno local que exponer públicamente los latrocinios que se pudieran ocasionar en el desempeño de la función pública, esta inaudita declaración de quien debiera representar el interés general y no los de la élite gobernante expresa una vez más el divorcio que la clase política mantiene respecto de la población veracruzana. En su tarea de quedar bien con quienes mandan eventualmente en el gobierno, el diputado Garrido exonera de toda culpa por falta de obras al gobierno estatal y a los municipales atribuyendo a un “cambio de reglas” formulado por el gobierno federal: “No hay obra pública, no es un tema de los alcaldes, es un tema de la federación que dice yo te doy el 95 por ciento de los recursos federales y yo te digo en que te los vas gastar y en qué zonas prioritarias, tú no te puedes gastar ni 50 centavos en ninguna de las obras que se te ocurran a ti y ya cabildo”; olvida el diputado que una gestión pública es negociación, cabildeo en base a autonomías, y no apacible acatamiento a un “cambio de reglas”. Aunque con eso de “no hay obra pública” alguien le reclamará: “no me defiendas compadre”.