Ya es muy común y hasta ordinario que desde el gobierno se diga a la población que vamos bien, a pesar que la mayoría de los mexicanos veamos que no es así pues casi todo se ve mal: inseguridad extrema en muchas regiones del país; pobreza extrema en buena parte de las entidades federativas; no se generan los empleos suficientes y la emigración aumenta; la corrupción y la impunidad cabalgan a sus anchas y, como ocurre en Veracruz, los empresarios viven con el Jesús en la boca porque el gobierno no les paga porque no puede pagarles.