Ricardo
Fragmento de la columna Itinerario Político, de Ricardo Alemán (El Universal):

Son 21 los muertos por elecciones. Pero los focos rojos en Tanhuato, Michoacán y en Chilapa, Guerrero, son apenas la punta de la madeja de una violencia que se extiende a media docena de entidades —Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Tamaulipas y el Distrito Federal—, en donde por más demagogia que dejen escapar líderes de partidos y directivos del INE, lo cierto es que las elecciones están en riesgo.

Según el recuento de La Otra Opinión, a la fecha se han producido 21 casos de personas que han perdido la vida en hechos vinculados con los procesos electorales. Del total registrado, 20 muertes han sido por hechos violentos y una por un accidente carretero poco claro.

¿Quiénes eran las personas asesinadas? Se trata de cinco candidatos o precandidatos. Dos militantes, dos familiares del candidato (una hija y un hermano); dos acompañantes del candidato, cuatro eran dirigentes de partido en sus municipios y cuatro eran servidores públicos.

¿De qué partido eran los muertos? Seis pertenecían al PRI, cinco al PRD, uno al PT, uno a Morena, y uno a Movimiento Ciudadano. ¿Dónde era su lugar de origen? Cinco eran originarios de Oaxaca, tres de Michoacán, tres de Guerrero, dos de Veracruz, dos de Chihuahua y uno —respectivamente—, de Tabasco, San Luis Potosí, Jalisco y Estado de México.

¿A quién le importan esos muertos? ¿Qué ha dicho el INE sobre una elección que ha reportado 21 personas muertas en hechos violentos directamente relacionados con el proceso electoral? ¿Las elecciones mexicanas pasaron de ser “una fiesta cívica” a “territorio de guerra”?

Parece que a nadie importa que las de 2015 son las elecciones en donde ser candidato a un puesto de elección popular es sinónimo de comprar boleto a la tumba.