Muy equivocado estaba quien ingenuamente pensó que con la llegada de las mujeres a cargos públicos de cierta importancia la corrupción tendría que reducir sus proporciones, pero la terca realidad demuestra todo lo contrario, como lo comprueba el caso de Zazil Reyes, la recién renunciada funcionaria a quien la Contraloría municipal xalapeña atribuye haberse quedado con el 50% del sueldo de uno de sus subordinados. No hay moral. La explicación sociológica a este fenómeno radica en que las mujeres no son de marte.