Por Armando Ortíz
11 de mayo de 2015

Surgieron con la excusa de que había que equilibrar el asunto de género en los espacios de la política y la función pública. Si los hombres podían, ellas por qué no. La Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, expedida por Vicente Fox, les cayó como anillo al dedo. El infame presidente, que a manera de juego saludaba “chiquillos y chiquillas”, propuso en el artículo 1 de esta ley lo siguiente: “La presente Ley tiene por objeto regular y garantizar la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres, proponer los lineamientos y mecanismos institucionales que orienten a la Nación hacia el cumplimiento de la igualdad sustantiva en los ámbitos público y privado, promoviendo el empoderamiento de las mujeres y la lucha contra toda discriminación basada en el sexo. Sus disposiciones son de orden público e interés social y de observancia general en todo el Territorio Nacional”. Nadie discute la validez de dicha ley ni los beneficios que deberían de obtener las mujeres al respecto.

En materia electoral todo empezó con el caso de las “Juanitas”, candidatas que habiendo obtenido una diputación renunciaban a ésta para dejar que sus suplentes, todos ellos hombres, pudieran ocupar la curul que a ellas correspondía. El caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia que cuestionó incluso la fórmula del 30/70, es decir, en las candidaturas debería haber hasta un 30% de candidatas mujeres y un 70% por ciento de hombres. Pues las mujeres no se conformaron con esta ecuación y buscaron que su porcentaje se elevara hasta el 50%. Así, en 2013, en la Reforma Político/Electoral consiguieron su objetivo. En el artículo 41 de la Constitución se establece la obligación de los partidos políticos de reservar el 50% de las candidaturas a las cámaras de senadores, diputados y congresos locales para las mujeres. Entonces empezaron a surgir los problemas.

En Veracruz ya por ahí reptaba un grupo de damas que se dieron a conocer como las “Reinis”; ya hemos hablado de ellas, incluso elaboramos “Los 10 mandamientos de las Reinis”. El primer mandamiento que esta cofradía de mujeres es el siguiente: “AMARÁS AL GOBERNADOR POR SOBRE TODAS LAS COSAS (No importando que éste se equivoque, siempre deberás hacer apología de sus decisiones. Como al rey desnudo del cuento de Andersen, aunque vaya sin ropaje real, siempre hablarás bien de su vestimenta)”.

Este grupo de mujeres, comandado por una anquilosada política como Bertha Hernández, se fue montando poco a poco en el poder. Como el fin justificaba los medios, algunas de ellas empezaron a correr el rumor de que incluso compartían el lecho con los hombres de poder y que por ello deberían ser respetadas. Se decían las favoritas de Duarte, de Érick Lagos, de Carvallo y otras seguían presumiendo relaciones con Fidel. Su trabajo político era nulo. Estorbaban, sólo iban a los eventos para tomarse la foto o en el mejor de los casos subirse a la camioneta del funcionario público para que los demás las vieran.

¿Qué han hecho políticamente? Nada. Ni Martha Montoya, ni Shariffe Osman, ni Érika Ayala, ni Corintia Cruz, ni Ainara Rementería, ni Griselda Álvarez, ni Zazil Reyes, ni Zaira Ochoa, ni Guadalupe Porras han sumado puntos al partido. Antes bien han restado. Su actuación deja mucho que desear. Su estrategia de alcoba, de por si cuestionable, ha fallado, pues otras chicas más guapas y más jóvenes han abordado el barco. Anilú Íngram, por ejemplo, sin ser del grupo de las “Reinis”, ya fue diputada local, presidenta del congreso y ahora es candidata a diputada federal con miras a ser alcaldesa de Veracruz.

El caso Zazil Reyes, que le fue insertada en su administración al alcalde Américo Zúñiga, es una muestra de lo engreídas, prepotentes y corruptas que son estas mujeres. Ya por ahí Diana Santiago, que ni a “Reini” llegaba, pero que utilizaba la misma estrategia de alcoba que ellas, había mostrado el poco cerebro y la mucha ambición que tenía; “sin mí el barco se hunde”, decía la señora Santiago.

Zazil Reyes que estaba en una oficina “quesque” de Buen gobierno, no se podía gobernar ni ella misma. Aparte de mocharle el sueldo a sus subordinados, se quedaba con artículos que debería repartir entre las personas más necesitadas. Las usaba para su propia fundación, para promoverse ella misma. Pero todo esto lo hacía porque se sentía protegida por un “caca” grande del gobierno. Se sentía intocable, porque quien se metiera con ella, se metía con su protector. Pero a su protector lo que le ocupa en estos momentos es ganar una elección, no andar arreglando los problemas en los que sus queridas se meten.

Así, por el mal entendimiento que le han dado a la Ley de Equidad de Género, estas cuantas mujeres hacen quedar mal al resto. Otras, las más discretas, siguen haciendo una labor loable y ejemplar tanto en la función pública como en los partidos políticos. Mujeres que entienden que es una gran responsabilidad ocupar un puesto público; mujeres que entienden que la función pública es para servir a los demás y no para servirse ellas mismas.

 

Postdata 1: Rosario Quirasco Piña

Una de esas mujeres que entiende la gran responsabilidad que tiene una mujer metida a la política es Rosario Quirasco Piña. Maestra por vocación, Rosario anda en campaña buscando el voto de los ciudadanos para llegar a ser diputada federal en la próxima legislatura. De raíces firmes, xalapeña, esposa y madre de familia, no se cansa. Sabe que es muy poco tiempo el que tiene para convencer a los electores. Su discurso es sólido y congruente; basta que las personas la oigan para quedar convencidos. ¿Pero cómo llegar a tantos? Ese es el dilema.

 

Postdata 2: Álvaro Cándido Capetillo

El delincuente (pues todavía tiene pendiente una acusación por “insolvencia fraudulenta”) Álvaro Cándido Capetillo está operando con Adolfo Mota en la zona de Las Ánimas y en todos esos nuevos fraccionamientos cercanos a Las Trancas. Vaya que tiene labia Capetillo pues convenció a Mota y le garantizó el voto de todos esos ciudadanos. Pero las cosas no le están resultando, pues cuando convoca a sus quermeses con la promesa de dar regalos a los que participen, la gente nada más se entera que son del PRI y le cierran la puerta. El inhabilitado Capetillo mejor debería retirarse a gozar de sus malhabidos millones, que fueron muchos.

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