Al clérigo Víctor Manuel Díaz Mendoza, vocero de la arquidiócesis de Veracruz, no le agradaron las declaraciones que hizo el sacerdote Alejandro Solalinde al grado de calificarlas de imprudentes: “cuando están en tu casa pueden hablar de ella bueno y malo, pero cuando llegas a casa ajena tienes la obligación de ser prudente, entonces bajo esa óptica yo diría que sus palabras no fueron prudentes”. Solalinde calificó a los sacerdotes veracruzanos de “agachones” porque según él no defienden a los migrantes como se debiera; responde Díaz Mendoza: “Todos son testigos que en esta iglesia son atendidos y apoyados muchos indocumentados en su paso por Veracruz y que el obispo Luis Felipe Gallardo Martín del Campo se reúne todos los primeros domingos de cada mes con los familiares de los indocumentados para poner en práctica una pastoral del perdón y la reconciliación”. Dos visiones, dos versiones.