Gerardo Buganza tiene un hándicap muy difícil por superar en aclarar que no es “títere” de algún otro actor político, no hay lugar en donde se presente que tenga que tocarse el tema. Lo cierto es que entró a esta contienda con el error garrafal de promulgar su “independencia” precisamente desde una oficina pública, ¿cómo disipar la duda en torno a que su candidatura apodada “independiente” no está auspiciada desde el poder? Después de colaborar cinco años en el actual gobierno del estado alega que depende de los ciudadanos y sin empacho asegura que cuenta con el apoyo de grupos religiosos, a despecho del Estado laico que si por albures del destino llegara a triunfar jurará defender y respetar.